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Domingo, 1 de julio de 2018
Por: Laura Paz Leaño España, Revista Dominical
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Un museo al interior del convento más antiguo de Bolivia


Imagen actual del interior del templo de San Francisco
Fotos: Archivo franciscano y Juan José Toro

Vamos a recorrer la historia franciscana en Potosí, una ciudad que fue denominada por muchos el objetivo de la conquista en América, donde, para algunos, la plata significaba poder, prestigio y, para otros, para millones, dolor, sufrimiento y hasta muerte.

Describiremos el origen de los Hermanos en el Convento de San Francisco, en la Villa Imperial, donde los hijos del Seráfico Padre moran desde el año 1547. Resultó ser el primer templo, donde se adoró la Hostia Inmaculada; sin embargo, mis lectores no deben confundir el templo antiguo con el actual.



TEMPLO Y CONVENTO

El fundador de la primera iglesia fue el General Pedro de Hinojosa, conquistador de Perú y capitán del rebelde Gonzalo Pizarro. Dirigió la flota que debía sumar Panamá al alzamiento pero se pasó a los realistas. General luego de las tropas de La Gasca, luchó contra los pizarristas y obtuvo como recompensa la mina del Potosí. Corregidor y justicia mayor de La Plata, fue asesinado por los seguidores de Sebastián Castilla en el año 1553 en su hogar. Fue quien solicitó la presencia de los hermanos Franciscanos en Potosí y de esta manera llegó a la Villa el Venerado Padre Gaspar Valverde que en ese entonces era el conventual de la Recoleta de Sucre y español de nacionalidad.

La iglesia progresó rápidamente y ya en 1550 se hizo la consagración concluyéndose totalmente la primera obra en 1552. En el año de 1627 la Villa Imperial pasó por una de sus peores catástrofes para la época, el reventón de la laguna de San Idelfonso. Cuentan las leyendas que el agua entró a la villa con tanta fuerza que murieron más de 2.000 personas y otros señalan más de 4.000. Lo cierto fue que destruyó muchas infraestructuras, entre ellas el primer templo de San Francisco que quedó muy dañado, del mismo modo quedó afectada la infraestructura del Claustro chico del convento de San Francisco (actualmente el patio del Colegio Franciscano).

En el afán de que el templo y conventillo fueran restaurados, los frailes se dieron al trabajo de visitar familias pudientes de la época para recaudar los recursos necesarios, tal preocupación de los hermanos franciscanos llegó a oídos del entonces minero más rico de Potosí, el maestre de campo Antonio López de Quiroga quien en ese momento necesitaba algunos favores de la Iglesia ya que era un hombre que pretendía tener un título noble pero la corona española rechazaba esta petición constantemente. Quiroga aceptó brindar la ayuda necesaria a los frailes con la condición de que se le reconociera como fundador tanto del convento como de la iglesia y poder tener un espacio en las criptas del templo para que él y su familia fueran enterrados.

La obra del templo actual se inició el 14 de mayo de 1707, cuando comenzó el acopio de materiales y la cava de los cimientos, pues la piedra fundamental fue bendecida y colocada por el Obispo Dr. D. Pedro Vásquez de Velasco de la Diócesis de Santa Cruz de la Sierra, el 4 de Agosto del año arriba indicado.

La obra monumental, sonada y comentada, debió ser la obra más consagrada durante los 19 años que duró su construcción. Los mejores arquitectos y artífices de la Villa intervinieron en ella. Sebastián de la Cruz, maestre de la torre de la Compañía, no escatimó sus esfuerzos y arte en la obra franciscana en cuyo ejercicio murió en 1714. Lo mismo sucedía con los hermanos Arenas, también Arsanz; el celo de los impulsores: el padre Burguera y el padre Arrieta, quien se hizo cargo de la obra en 1719 a la muerte del anterior que lo comenzó.

Debió ser el mismo Padre Arrieta, quien unos años antes de terminarse la obra pensó en su embellecimiento. Conocemos como las emulaciones entre religiosos para suponer cuánto deseaban los hijos de Asís que su iglesia, tanto interior como exteriormente, fuera la mejor de la Villa Imperial.

De hecho, San Francisco era el único templo abovedado y con tres naves, y los gastos hechos en él, cerca de 200.000 pesos, asombraron a los ricos potosinos. El número de piedras que entraron a las bóvedas debió llamar la atención por lo inusitado.

Pero desgraciadamente llegó la infausta hora del vandalismo de los principios revolucionarios de 1810 y adornando la mentira que se encerraba en aquellas palabras de "fraternidad, libertad e igualdad", todo fue saqueado, lo robaron todo, a título del más fuerte se hicieron dueños, destruyendo en poco tiempo lo que la devoción de los fieles de Cristo había edificado en casi cuatro siglos.

La suerte común que les tocó a todas estas provincias en esta época llegó también a la provincia franciscana de San Antonio de los Charcas y por consiguiente también a este convento franciscano de Potosí.

Pero los franciscanos, educados en la escuela de aquel que estando clavado en la Cruz y siguiendo solamente su misión de servicio divino, olvidando las ofensas, los ultrajes, las cárceles, la muerte que sufrieron sus hermanos, después de treinta años de ausencia, en cuanto se detuvo la convulsión revolucionaria, en agosto de 1844, con la bendición de Dios y beneplácito del pueblo, volvieron gloriosos y triunfantes a su antiguo convento franciscano, reabrieron la iglesia al culto de Dios y el claustro al servicio de tantas almas que habían sido seducidas y engañadas por el hombre.

Habría quedado demasiado oscuro el templo de los franciscanos si hubiese permanecido como lo dejó el fundador; a este inconveniente le dio remedio el padre Juan Beltrán, de la Recoleta de Sucre, en 1854, quien hizo colocar el estuco en todas las paredes y altares, eliminando de ellos todos los retablos. Los gastos para los arreglos generales llegaron a la generosa suma de 11.000 pesos.

Con este colosal trabajo, el templo de San Francisco quedó en toda su belleza artística y sumamente apto para el recogimiento porque la luz que proyectaban las ventanas y claraboyas, era moderada.

Nada que llame la atención se practicó en el templo en los años posteriores a 1854; sin embargo, durante la Guardianía del padre Teodoro Massa, en 1887, se colocó en 28 días de trabajo asiduo un nuevo adoquinado de ladrillos que dura hasta nuestros días. Los obreros recibieron sus jornales correspondientes y el ciudadano que costeó todos los gastos fue el eminente personaje y estadista Aniceto Arce que a los dos años llegó a ocupar la silla presidencial.

Los altares del templo de San Francisco se hallaban sin reparo alguno, excepción hecha del altar mayor que por lo general en toda iglesia está separada del cuerpo, mediante primoroso y humilde barandado. A los fundadores de ese tiempo no les pasó por la mente que esos lugares santos donde se ofrece la hostia sacrosanta debían ser adornados con enrejados. Creían que era ofender a la misma majestad de Dios el cerrar el acceso de su morada a los hombres, cristianos fervorosos.

Naturalmente había necesidad de realizar una intervención que además serviría de adorno en todos los altares, y creo que el fin que se propuso el guardián padre José María Gentili fue este segundo. En buena hora había regresado en hermano lego fray Juan Altieri, hábil para todo, especialmente para obras de herrería. Se le encargó el trabajo de enrejado del altar superior. En esa época todos podían admirar en cada altar los hermosos enrejados. Individualmente costaron bastante trabajo y hubo expendio de dinero, pero se habría gastado el doble y más quizá si en vez de un franciscano hubiese sido un seglar mecánico.

El guardián fray José M. Gentili y el padre Jaime Ricciotti lograron que se pinte al óleo y se dore los altares de Nuestra Señora de los Dolores, de la Inmaculada Concepción, llamada comúnmente la Purísima; del patriarca San Francisco y de San Antonio, y, después, en el año 1902, por influjo del padre Vicente Piccinini, la señora Máxima Rodríguez realizó un arreglo completo en el altar del Señor de la Vera Cruz cuyas pinturas al óleo y doraduras son bastante preciosas. El del Sagrado Corazón de Jesús corrió a cargo de la cofradía cuyo rector era el padre Apolinar Simoni.

La puerta lateral del templo, aquella de la derecha, no correspondía a la grandiosidad del lugar santo. Según cuentan los frailes se abría fácilmente con cualquier soplo del viento y era perjudicial para los fieles que acudían al templo a oír la Santa Misa. El ya nombrado padre Gentili remedió este inconveniente haciendo construir un biombo elegante con sus puertas automáticas en ambos lados que se abren con facilidad.

La instalación de luz eléctrica se debe a la presidencia de la Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús, la Señora María H. de Soux, a sus socias y a los miembros de las otras cofradías establecidas en el templo de San Francisco.

La comunidad franciscana, dirigida en el año 1912 por el padre guardián fray Vicente Puccini, hizo primero practicar el blanqueo general del templo para que se pueda apreciar la obra original de piedra vista, con un gasto de 3.000 Bolivianos y en seguida se instaló la luz eléctrica no sólo en el templo, también en las oficinas y celdas del convento.

El Señor de la Vera Cruz tiene para sí un culto especial en dicho templo por ser el patrono de la ciudad de Potosí, con las novenas que empiezan en septiembre para su devoción el 14 del mismo mes.



NOTA DE APOYO 1…………………….

El museo

Aprovechando el interés de Fray Juan Peregrinni, hombre culto con interés cultural y emprendedor, surge la idea de crear un museo diocesano en Potosí.

Conscientes de la obra, el obispo auxiliar, Bernardino Rivera; fray Sergio Castelli y fray Eugenio Natalini trabajaron personalmente aceptando todas las sugerencias y, tras la llegada de Fray José Rossi, con su entusiasmo se impulsó el trabajo para el museo.

Este trabajo se realizó en 1974 contando con una sola sala de museo la cual se hizo entrega de manera simbólica el 10 de Noviembre del mismo año.

Posteriormente, Rivera y Natalini ampliaron el museo comprendiendo así otras salas para el museo y su recorrido: el convento, sacristía, camarín del Señor de la Vera Cruz e iglesia y el mirador denominado Santa María de los Ángeles.

La fundación oficial del Museo San Francisco fue el 29 de Noviembre de 1979, día en el que San Francisco fue declarado patrono de la Ecología por el Papa Juan Pablo II. En la fecha también se celebra la fiesta de Todos los Santos Franciscanos.

El eje central del museo sería el convento, considerado el más antiguo de Bolivia porque preserva su arquitectura original desde 1547. Es el único convento de hombres subsistente de la época colonial que originalmente sólo era de un piso en forma cuadrangular, con siete arcos tallados a mano, techo de madera de cedro tallado a mano y empotradas.

Posteriormente, monseñor Rivera realizó las gestiones necesarias para la apertura de las criptas o cementerios conventuales de la época Colonial para que sean parte del recorrido del museo.

Hoy por hoy, el museo de San Francisco está catalogado como un referente importante para el turista ya que al ingresar se encuentra con un escenario majestuoso, tanto por la arquitectura, como por su historia. En este museo se puede observar obras magistrales de artistas reconocidos y que marcaron etapas dentro del arte, por ejemplo las obras más sobresalientes del reconocido pintor y padre del barroco mestizo, Melchor Pérez de Holguín, o tal vez las esculturas del gran maestro Gaspar de la Cueva. Ver en persona su obra maestra, el Cristo de Burgos, deja sin aliento al que lo tiene al frente.

Es así como este convento y templo que se convirtieron en museo resguarda los tesoros del Arte de la época colonial. No se puede dejar de mencionar la maravillosa vista que proporciona al turista el mirador, donde termina la visita al Museo, pero donde el visitante queda cautivado por el paisaje y aire de nuestro querido Potosí.

El Museo de San Francisco de Potosí realiza sus actividades bajo la dirección del padre Octavio Huanca quien, viendo su potencial, está trabajando para que sea más atractivo y conocido para el visitante. Los resultados serán la apertura de dos salas para el mes de julio, las cuales describiré en próximos artículos.

(*) Laura Leaño es integrante de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP)


Así lucía antaño el interior de la iglesia franciscana



Criptas donde reposan los restos de algunos católicos creyentes

Torre de San Francisco en la ciudad de Potosí

Los franciscanos en su convento

La iglesia fue adornada con bellos detalles



Los franciscanos hacían vida de claustro dentro de su convento de claustro dentro de su convento

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