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Domingo, 13 de julio de 2014
LA PATRIA, Revista Dominical
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¿Tomemos un café?

•  Por: Marcia Batista Ramos - Escritora


Hace muchas lunas que no nos vemos. Postergamos muchos abrazos. Dejamos ciertas cosas para el mañana y el mañana es caprichoso y hay veces que no llega nunca. Parece mentira, pero, la vida es una llama corta, entonces todo lo que postergamos corre el riesgo de no darse jamás… Esas cosas sencillas que se hallan a un mismo tiempo lejos de nosotros y muy cercanas como compartir con los amigos, decir y demostrar lo que sentimos, escuchar un poco de música, admirar una nube o perderse entre sueños y divagaciones, pueden hacernos falta en el más allá. Lejos porque, permitimos que todas las minucias negativas del cotidiano se interpongan entre tu sonrisa y la mía o entre tu mirada y la mía; y muy cerca por la obviedad del caso, ya que basta decidir para cambiar cada instante, ya que lo único que nos limita o impide es nuestro propio arbitrio.

Parece insensato que utilicemos nuestro arbitrio para crear momentos que nos hacen infelices. Son muchas las veces que no entiendo de qué material estamos hechos. Religiosamente, pensamos que no podemos o no tenemos, y después, religiosamente, nos arrepentimos. Vivimos una rutina desesperante, oprimidos por el tiempo y por el dinero. ¿Y para qué? Si sabemos que la inmovilidad no entusiasma a nadie. Precisamente nosotros que somos apasionados por historias nuevas y experiencias novedosas.

Ciertamente sería mejor si utilizáramos nuestro arbitrio de una manera mucho más útil, solamente para nuestro beneplácito y contentamiento. Tal vez, solo así, nos olvidaríamos de todos los miedos y miedecillos que nos detienen y aprisionan en nuestras contingencias habituales, espantosamente, cada día.

Siempre que nos juntamos hablamos de todo y de nada, y la mejor parte es que nos sentimos felices por haber estado un instante juntos. Compartimos una alegría tan pueril que nos recuerda un tiempo inmemorable que no podemos precisar ahora. Son las cosas lindas que salen del alma como flores coloridas y perfumadas, que alegran el día y la vida porque las contemplamos juntos por un momento.

Desde luego que tenemos mucho que contarnos. Por cierto, que no hablaremos todo, nunca lo hicimos, creo que ni lo intentamos. Pues, dejaremos un espacio para la frivolidad que suele presidir casi siempre los asuntos humanos. Pero, permanecerá en cada uno el recuerdo del gusto de haber compartido y la culpa de no haber buscado ese momento antes y siempre y más a menudo. Si, así somos… una mezcla de indecisiones y deseos. No damos el primer paso, después reclamamos que no pudimos llegar… Me percato de la condición humana emergiendo a cada instante, me escapa una sonrisita por tanta ironía, y de verás no sé si es para reír o si es para llorar.

No somos como el Samurai que depende exclusivamente de su alerta, centrado en sí mismo y en el presente. En su presteza él se da cuenta de la respiración del enemigo en el cuarto contiguo. El estar alerta es darse cuenta. Darse cuenta es la llave del éxito para un Samurai y seguramente sería la llave del éxito para nosotros también.

Terminó otro verano iluminado, seguramente envejecimos un poco más, mas no hace diferencia cuanto pueda desgastarse la cáscara, ya sabemos que somos algo más allá del cuerpo. Sabemos que estamos envueltos por el velo de la ilusión que irremisiblemente se romperá un día. Aprendimos muchas cosas a lo largo del camino y está claro que, a cualquier momento, vamos a dejar ese ropaje, que es apenas una caricatura del alma, para iniciar otra vida con la madurez de ahora.

Entendimos que ya usamos dos tercios de lo que llamamos vida y estamos bebiendo lo que nos resta. Es siempre así, aprendemos a saborear cuando no resta mucho… Entonces cada paso evoca un recuerdo, y uno camina más despacio para que dure el recuerdo desde el fondo de nuestro pasado. Sorbo a sorbo, uno medita sobre lo que fue y lo que pudo ser, proveyendo actualidad al ayer, que está presente a cada instante, esa distancia en el espacio que es casi lo equivalente al alejamiento en el tiempo… Es como querer arreglar u ordenar las remembranzas mientras se busca un final feliz para todos, como si uno pudiera usar por separado y al mismo tiempo, al igual que los sabios delfines, los dos lóbulos del cerebro.

Por mi parte, no hay problema, pienso que es la gran oportunidad de deleitarse con cada gota que resta, para acumular los mejores recuerdos para cuando yo llegue a la eternidad, por eso, a mí, me gusta mirar lentamente las cosas, poco a poco, como saboreando ruidos, colores y perfumes, con toda la profundidad de mis sentidos. Pero entienda que eso, no es ninguna despedida, aunque parezca, es apenas un amontonado de constataciones y conclusiones después de tanto tiempo que no nos vimos… Mientras yo vi partir a otros que tú no conociste, pero que, hicieron parte de mi existencia, y su ausencia ha comenzado ya, y ahora componen el mosaico del recuerdo y de la distancia.

Aprendí que no somos capaces de soportar la soledad por eso tememos a la muerte. Pero, ella es tan necesaria para nuestro espíritu como el sol que hace subir el vapor que se desprende del agua iluminada por él. Aprendí que todos los seres a quienes amamos y que nos aman nos abandonan lentamente, sin que nos demos cuenta, a cada instante que pasa. Es así como se separan de sí mismos: muchos creen estar todavía aquí pero su ser, vuelto hacia el porvenir, ya no se adhiere a lo que fue su vida. Otros, inesperadamente, se percatan de que se han confundido de casa y de que su casa está en otro lugar y nos abandonan. Entonces muchas madres se quedan llorando. Se sorprenden, sufren, se resignan. Después mueren. Porque la vida sobre la tierra, necesariamente, se hunde o aniquila bajo nuestros pasos. Y te hablo como siempre…

Nos esperan, quizás, muchos días de silencio absoluto en un intento de comprender la partida de los que queremos y se fueron sin previo aviso. Y no nos quedará cosa que hacer… Ya comienza a mordernos el tedio de la tristeza con sus engranajes aplastantes, por tanta rutina diáfana a que nos apegamos sin interrogar. Nos sentiremos tan solos individualmente, a pesar de que estaremos rodeados de

miradas.

En medio de esa incoherencia aparente, de nada servirán las lágrimas. La desesperación nos hará lentos los movimientos y obligará a nuestras bocas a morder la carne elástica de los bostezos… Entonces oraremos. Buscaremos paz en la repetición de las palabras sagradas que nos enseñarán desde cuando éramos niños. Inexplicablemente encontraremos la paz cargada de virtud natural y de gracia, a través de su serena trasparencia. Aceptaremos que dentro de nuestro espíritu es donde todo sucede. Ciertamente, comprenderemos que todo esto no es sino una ilusión, como todo lo demás. Fatalmente, es un camino perpetuamente devastado y prolongado por el que avanzamos todos.

Varios dolores atravesaron nuestras vidas por separado, y en algunos momentos, servimos de consuelo uno para el otro. Conversábamos sin esperar nada espantoso, entrelazados nuestros pensamientos desmenuzaban la sombra de un cosmos inservible; ahora, pienso que nosotros que volamos tan alto y tan juntos somos afortunados… ¿quién sabe en cual recodo de tu memoria se ha escondido ese fragmento? Tú lo sabes. En cuanto a mí, a pesar de que la distancia sea muy grande el amor no se ha agotado, sigue ahí alimentándose de los recuerdos…

Entre tanto, por sobre mi vida antigua, la vida pasa, como la noche abandonada sobre el mundo, extendida sobre muchas ciudades, muchos campos y bosques en un largo desfile de sombras... O tal vez, mi vida pasa iluminada por estrellas, soles, otras sonrisas, luces y luciérnagas. Depende del prisma de quien mire ya que todo, finalmente, es ilusión.

Tantas cosas esenciales nos quedan aún por hacer... precisamente, ahora que vemos unas nubes en las que el sol menguante pone todavía sus colores. Nosotros ya no somos lo bastante jóvenes para no darle importancia al tiempo y dejar los abrazos para el mañana, tenemos mucho que contarnos; así que: ¿tomemos un café?


Cuando alguien se marcha sólo quedan recuerdos

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