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Domingo, 1 de abril de 2018, Revista Dominical
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Proclamo sin resquemor Jesús estás vivo

•  Por: Marlene Durán Zuleta - Poeta, escritora, compositora e investigadora de la cultura orureña


El Domingo de Ramos, Jesús montó un sereno jumento en medio de la multitud
Siempre acudo a ti, porque oyes los ruidos del tacto. En amaneceres cuando el insomnio implacable se apodera de mis ojos y mis oídos se abren a los ruidos del silencio, crujen las maderas y las ventanas parecen recobrar sutiles golpes, siento tu presencia.

Una, cientos, miles, infinitas veces y sin cansancio ni resquemor proseguiré exaltándote, porque tú me das vida, me aturdo ante tanto amor.

Un otoño más y un otoño menos en el calendario del sueño y el alba. Sabes porque y cuando prolongo mi tiempo que es reloj de arena, otra vez descubro mi sombra, mis párpados que se caen cuando se asoma el cansancio y el nocturno agujero oscuro, comienza a clarear.

Me refugias en tu corazón invisible y caminamos sin reposo todo el día, das energía, adagios, cuidado desmedido y no existen murallas para que leas hasta los huecos de mis huesos, cal viva con lento desgaste, soy de ti.

Cuando escucho Hallelujah de Leonard Cohen "estribillo, acorde celestial que el rey David componía a Dios", Aleluya, Aleluya, Aleluya, es el testimonio de rememorar que el amor que nos das es largo sin fin y siento que el hombre rudo, opaco, malvado, garfios que se mueven, debe cambiar y con un nudo en la garganta por la voz de quien interprete, alcanzo desde el templo, fulgor de hogar a proclamarte, eres todo lo que soy.

Entonces desde el alma desentraño mis versos para ti, me transformo en seguidora de Domenikos Throtokopoulos, el famoso "Greco", te dibujó y pintó, te retrató desde todos los ángulos. No importa cómo seas no tengo que compararte con nadie, eres único, aunque surgiera algún murmullo injusto, no mermará mi memoria, eres mi señor.

Soy afortunada, me das energía y escribo para ti. Recorres conmigo el tránsito de mis evocaciones renovadas de alegría, cómo desconocer mis sentidos, mi vocación de ser tu seguidora hasta el fin de mis días.

Déjame esbozar la geografía del camino, cuando recorriste las etapas más duras de la ruta trazada por tu Padre a través de los ángeles celestiales, ineludible examino el mensaje o desafío que dejaste: "Mi paz os dejo, mi paz os doy".

Quiero ahondar, amalgamar mi sentimiento de amor por ti y en reciprocidad te proclamo ante el cosmos con esta pizca de pocas palabras para expresarte ferviente lo que vales para mí, me alumbras y mis pupilas se agrandan y coinciden con algunos vates rigurosos. Los Santos, evidencian tu existencia escrito y descrito en el verdadero libro, vertiente de la Biblia, allí están los Proverbios con meditaciones, ánforas de sabiduría, máximas donde no se aparta la justicia, la verdad y tolerancia.

No existe límite entre el verso que es signo de fe por ti, por el nocturno de mis días, bálsamo, crisol, estrella. ¿Cómo ausentarme y dejar de pensar en ti, un solo día?, quedaría sin el génesis de mi árbol genealógico. Si tú eres ternura, bendición sin palabras, perenne esperanza en la lluvia o la sequía.

No puedo ser egoísta y guardar el secreto, eres perdurable lealtad, el mundo sepa, estas en mi santuario interior, puro como los lirios, posesionado hasta la última arteria de mi cuerpo, de mi alma y mi voz.

El domingo de Ramos, concentré el oído para retener algunos pasajes de las epístolas de San Juan, y volví atrás para rememorar tu entrada con las palmas benditas, montado en un sereno jumento de paso cansino, que te llevaba para apaciguar el oscuro fervor de mortales ávidos de agrandar su presencia terrenal, mas no la vida eterna.

Perenne e imborrable son las epístolas de San Pablo, los Salmos versos febriles, que demuestran acción de gracia y dulces alabanzas. Quienes irónicamente no creen en tu palabra, fallan, no pueden hilar las palabras, es decir no remozan el espectro interior.

Jesús de Nazareth, Jesucristo, El hijo de Dios, prolongado hasta el día del juicio final, esta noche cuando escribo, siento los latidos acelerados, llueve copiosamente y tú mi ángel guardián permites que me apoye en tu hombro, para proseguir estas loas.

He colocado detrás de la puerta, una palma bendecida, mi credo es ahuyentar lo negativo, malevolencia que anda suelta. Atada a lo sagrado de tu nombre, soy centinela de tus razones. Desde vientre he bebido pócimas de amor por ti, que durarán hasta después del fin de mis días, eres el himno de mi esperanza.

Y lo que escribo, o te hablo en silencio mientras recorro el sendero de todos los días a cumplir la faena (porque el trabajo es ley de Dios), lees mi pensamiento, por ti he llegado hasta este ocaso que encalla los trigales de mis manos. Misericordioso has de sonreír con alguna gracia natural y transparente de ofensas, con el sentido de la palabra porque siempre perdonas.

Y la música está en mi mente, cuando canto: Si el día está gris o lleno de sol, yo te llamo y tú acudes silencioso, eres la vida después de la muerte, nadie puede huir porque eres el cerco, Jesús amigo te amo, porque eres la luz, eres el perdón, Jesús hermano te amo, porque eres la paz, eres la fragua de amor. La vida da vueltas, esas son pruebas, teniéndote a ti qué más pedir, grito tu nombre y no me avergüenzo porque tú eres mi Salvador.

Te pido perdón si no fui tolerante en alguna desavenencia, ratifico mi perdurable indulto. El afán que me mueve es ser persistente en conservar la conciencia y obrar a cabalidad, sin grietas ni farsa, solamente con la certeza de ser leal, entronizar tu nombre hasta las alturas.

Tú el Supremo, sagrado y bendito Jesús, que une multitudes, tienes certeza, enalteces al hombre, eres absoluto. Siento regocijo, tu grandeza se ha vuelto inmortal, tu evangelio está en la tierra, en el eco de otros planetas remotos, en la aureola de los habitantes que te honran y deshonran. Tus heridas han motivado por siglos a través de tu evangelio que has purificado y desagraviado lo oscuro, denso y malo, Redentor, eres paradigma, égloga de amor.

Desde tu redención, has visto, las cruces se han multiplicado y a pesar de contar con seguidores de tu palabra, quiere levantarse una Sodoma y Gomorra, en el imaginario existe la Torre de Babel, tantos idiomas y no nos entendemos. Se han multiplicado los Caínes, sepultados de alegría, con tristeza interminable, peregrinos sin ruta.

- Todo parece empolvar, más no tu palabra nítida, llena de luz-

En noches cuando los relámpagos se asoman a las ventanas e iluminan en un pestañeo, se oye decir: Jesús, Jesús, protégenos de estos truenos, y descienden en zigzag, tan intensos de color azul-fino que encandilan a la tierra, como el viernes santo, cuando el cielo se tornaba cárdeno, y tú nos perdonaste, esa tarde fue de sollozos y lamentos. Ese suceso de siglos ha marcado en las mejillas pena, silencios e impotencia.

Jesús, existes en mí y yo en ti. Mi pensamiento eres tú, existo deslumbrada por tanto amor. Desde las ventanas oteo al jardín del colegio vecino, su jardín está lleno de flores amarillas, parecen ¿margaritas o crisantemos? No sé, lucen frescas como las que pintó Van Gogh, es la naturaleza en todo su esplendor.

Este domingo de Pascua te ovaciono, desde el altar mayor del corazón. Debo revelarte que he edificado esta catedral tan íntima y dulce, es invernadero para elevarte por la arteria del corazón, a ti divino, eres piedad, repetir tu nombre en los torbellinos, es bálsamo, tiene sentido. Sumo Hacedor, te amaré hasta la eternidad.

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