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Domingo, 4 de enero de 2015, Cultural El Duende
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Las prosas ap?tridas de Julio Ram?n Ribeyro

•  Fernando A?nsa


?Los hombres cambian, pero las instituciones se perpet?an. Esos hotelitos destartalados de calles como la rue Princesse o la rue de Orteaux, donde se alojan los peones que vienen del Mediterr?neo, no son otra cosa que la versi?n moderna de los erg?stulos romanos. No encuentro pr?cticamente ninguna diferencia entre un alba?il argelino o portugu?s y un esclavo de la ?poca de Diocleciano. En esos hotelitos los peones for?neos se instalan a perpetuidad y salen solamente para su trabajo todos los d?as o un d?a, el ?ltimo, rumbo al cementerio?. Esta es una reflexi?n de Julio Ram?n Ribeyro, el escritor peruano que ha publicado en Barcelona un libro de t?tulo original: Prosas ap?tridas. A los cuarenta y cinco a?os, este delegado permanente adjunto del Per? ante la Unesco, se hab?a descubierto ante una etapa de su vida que inevitablemente se cerraba y con muchas p?ginas sueltas que hab?an venido quedando aisladas y fuera del contexto de sus obras m?s conocidas. ?No soy yo el ap?trida, lo son las prosas que forman el libro. Sencillamente porque carecen de patria literaria ?explica a lo largo de una cordial entrevista?. Son textos que escrib? sin un objeto preciso, con la vaga idea de incluirlos luego en alguna novela, cuento o ensayo, pero que se quedaron sin destino, desamparados. Es as? que decid? reunirlos, dotarlos de un espacio com?n, a pesar de su diferente origen, motivo o inspiraci?n. De all? el t?tulo de Prosas ap?tridas?. Julio Ram?n Ribeyro conoce ahora el ?xito. Literariamente hablando se ha dicho que 1973 fue en el Per? ?el a?o Ribeyro?. La publicaci?n de La palabra del mudo en una cuidada edici?n peruana, la aparici?n de La juventud en la otra ribera y la reedici?n de Los geniecillos dominicales (Premio Nacional de novela, 1965), unidas a su regreso a Lima tras varios a?os de vida en Par?s, donde hab?a trabajado como periodista en una agencia de noticias internacional, hab?an llamado la atenci?n de la cr?tica sobre este escritor. El juicio fue un?nime. Un cr?tico alem?n, Wolfgang A. Luchting, lleg? a escribir: ?Yo creo que existen (y se ha establecido) tres grandes escritores en el Per? de estos d?as, Mario Vargas Llosa, Jos? Mar?a Arguedas y Julio Ram?n Ribeyro?. Con una sonrisa esc?ptica pudo decir entonces y repetirnos ahora el propio Ribeyro: ?Considero injusto entre Vargas Llosa, Arguedas y yo. El sitial del primero est? refrendado por su calidad y su celebridad; el del segundo se consolid?, sobre todo despu?s de su muerte. En tanto que yo, que no conozco de las prerrogativas de los vivos activos ni la ventaja de los muertos tr?gicos, no puedo reivindicar ninguna plaza en ning?n escalaf?n, salvo en una especie de limbo literario donde ni nacido ni muerto espero algo as? como el momento de alg?n improbable Juicio Final?. Este Juicio Final aparece ahora conjurado en la cita de Rabrindanath Tagore que Ribeyro utiliza como ep?grafe de sus Prosas ap?tridas: ?El bot?n de los a?os in?tiles, que con tanto celo guardaste, dis?palo ahora: te quedar? el triunfo desesperado de haber perdido todo?.

Julio Ram?n Ribeyro en Par?s en los a?os sesenta

La utilidad de los a?os in?tiles ?A qu? llama Julio Ram?n Ribeyro sus a?os in?tiles? Sus libros se han escalonado regularmente de 1955 a la fecha, redondeando una visi?n del mundo homog?nea y profundamente peruana. En Los gallinazos sin pluma (1955) el tema central eran los seres marginales de la realidad y los suburbios lime?os. Estos outsiders no estaban marcados por ninguna teor?a existencial, eran los representantes de la marginalidad a que lleva la pobreza y la ignorancia. El mismo tono aparentemente impersonal, asordinado y falsamente naturalista reaparece en Cuentos de circunstancias (1958). Pero en la tensi?n de esa objetividad se adivinaban las fisuras que tiene el mundo de las apariencias cotidianas: lo irreal, la crueldad, la injusticia estaban presentes en esos cuentos, como lo estar?an en ?Tres historias sublevantes? y ?Las botellas y los hombres?, ambos de 1964. Tambi?n aqu? Ribeyro, tal como hab?a dicho el cr?tico peruano Julio Ortega, prefiri? ?el anonimato a la publicidad?. La edici?n misma del libro eras marginal. Eran libros mal impresos, estaban llenos de erratas y carec?an de distribuci?n fuera de la librer?a que los hab?a impreso. Mientras tanto, Julio Ram?n Ribeyro, como algunos de sus compa?eros de generaci?n ?Enrique Congrains Mart?n, Carlos Zavaleta. Carlos Germ?n Belli? viv?a literalmente a salto de mata, desempe?ando todo tipo de oficios, trabajando para sobrevivir. Este signo de la marginalidad reaparece ahora en Prosas ap?tridas. El libro ha sido editado por Tusquets en una colecci?n llamada ?Cuadernos marginales?. ?Simple coincidencia o se trata de un libro marginal? ?Lo m?s probable es que lo sea ?nos dice resignadamente? Es un libro de apuntes y reflexiones. Los lectores prefieren ahora novelas extremadamente complicadas, gruesos tratados que les dan la ilusi?n de vivir intensamente su actualidad?. Pero estas reflexiones y apuntes parecen servir para entender esos tratados o captar su secreto sentido. As? escribe Ribeyro en sus Prosas: ?Lectura del tomo quinto de la Historia de Francia, de Michelet. As? como yo olvido los detalles de esto que leo y no guardo m?s que una impresi?n general de malestar y de horror, aparte de tres o cuatro an?cdotas, el mundo olvida su propia historia, no la interroga y no saca de ella ninguna ense?anza. Dir?ase que la historia se ha hecho para olvidarse. ?Qu? humano, a no ser un especialista, reflexiona ahora sobre las exacciones que sufrieron los jud?os bajo Felipe el Hermoso o sobre la confiscaci?n y destrucci?n de los templarios? Por ello mismo, en la historia que se escriba en el a?o tres mil, la segunda guerra mundial, que tanto cost? a la humanidad, ocupar? tan s?lo un p?rrafo y la guerra de Vietnam una nota al fin del volumen que muy pocos se dar?n el trabajo de leer. La explicaci?n reside en que el hombre no puede al mismo tiempo enterarse de la historia y hacerla, pues la vida se edifica sobre la destrucci?n de la memoria.? Los objetivos ilusorios Ahora Ribeyro, tras sus a?os como periodista, es diplom?tico. Como ministro consejero del Per? ante la Unesco puede decir que ?la diplomacia ense?a mucho, aunque entra?a el peligro de darnos a veces una visi?n cosmopolita y superficial de la realidad. La profesi?n ideal para un escritor ser?a poder ser escritor. Pero esto casi nunca es posible?. Este escepticismo actual no es nuevo. Cuando en 1973, Ribeyro conoci? el ?xito y la popularidad en el Per?, un ?cido sarcasmo brotaba desde el t?tulo del libro que lo consagraba: La palabra del mudo. Adem?s descubrir?a que asistir t?midamente a su propia celebraci?n no significaba nada. Acababa de superar una grave enfermedad que lo hab?a puesto al borde de la muerte y descubr?a ?como Proust? que a los hombres les llega casi siempre lo que han esperado de la vida, s?lo que tarde. En ?Prosas ap?tridas?, frente a su inmensa biblioteca, se dice: ?Y entre estos libros perdidos (los par?sitos, los que nadie lee), los que yo he escrito. No digo en cien a?os, en diez, en veinte. ?Qu? quedar? de todo esto! Dir?ase que la gloria literaria es una loter?a y la perduraci?n est?tica un enigma.? En 1973, respondiendo a una de las numerosas entrevistas que marcaron su visita a Lima, dijo a un prologuista, el cr?tico peruano Jos? Miguel Oviedo: ?De joven hab?a so?ado realmente con alcanzar la fama literaria, ser reconocido como un aut?ntico escritor: ahora que todo el mundo me dice que lo soy, siento que ya no me interesa, que tal vez he corrido tras un objetivo ilusorio y que no val?a tanto la pena.? Valga o no la pena el ?xito literario, Ribeyro sigue trabajando intensamente. Entretanto, las formas m?s aut?nticas del arraigo pueden pasar, pues, por las mejores Prosas ap?tridas, una f?rmula que como peruano y latinoamericano, ha sabido entender en su sentido m?s profundo y sutil: el que da haber sido marginal no por voluntad propia, sino por la necesidad de la pobreza.



* Fernando Ainsa (1937). Escritor y cr?tico uruguayo de origen espa?ol.

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