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Domingo, 26 de agosto de 2012
LA PATRIA, Revista Dominical
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El Tío de la mina

•  Por: Javier Claure C. - Poeta boliviano radicado en Estocolmo


Wari: Museo Eduardo López Rivas. Fotografía de Javier Claure C.
La historia del Tío, personaje mítico en las minas de Bolivia, ha ocupado las mentes de muchos historiadores, antropólogos, escritores y poetas. Según algunos investigadores, los mineros bolivianos rendían pleitesía al Tío antes de la llegada de los españoles.

Las palabras del cronista español, Vásquez de Espinoza, revela este hecho de gran importancia histórica: "... un gran edificio de piedras muy labradas de notable grandeza... hay deuajo de la tierra grandes salas y aposentos tanto que hay cierta noticia que pasa por deuajo del río" (Rostworowski de Diez Canseco). "Wari, dios chtónico, auspicia su culto en un templo subterráneo, deuajo de la tierra" (Carlos Condarco S).

Para acercarnos a la imagen de este misterioso personaje, es necesario remontarnos a los urus. La cultura Uru es una de las más antiguas del continente americano, cuya formación data de los años 1000 a 1500 a. C. Se establecieron en las costas del Pacífico y en la parte altiplánica del Alto Perú (actual Bolivia), concentrándose en Paria, Orinoca, Salar de Coipasa y a las orillas de los lagos Titicaca, Poopó y Desaguadero. Vivían en las montañas, en sus cuevas hechas de piedra y de barro. Se dice que eran solitarios y se sentían bien en los lugares más recónditos del altiplano andino. Eran diestros para la caza, comían pescado crudo, aves lacustres, carne de llama o de cerdo. Hábiles, como ellos solos, para los tejidos, cerámica y diferente tipos de bordados.

Arturo Posnansky (1873-1946), considerado padre de la arqueología en Bolivia, escribe textualmente: "Se les ha preguntado a los urus, si el nombre de su raza era verdaderamente el de uru, y contestaban que así los llamaban a ellos los aymaras por insulto, porque van por la noche a pescar y a cazar, pero el verdadero nombre de su casta es kjotsuñi, lo que quiere decir hombres lacustres. La lengua de los urus no es gutural como el aymara y el quechua, más bien es casi tan melodiosa como la de los chipayas, y una lengua completa, bien combinada y lingüísticamente evolucionada. Su vestimenta es distinta a la de los aymaras, no usan poncho sino ropas largas de lana que van hasta los tobillos y las llaman ira".

Por otro lado, el Padre José de Acosta, hombre importante en los asuntos del gobierno pastoral de aquella época, relata en una crónica que los urus eran huraños y muy difíciles de comprenderlos. Cuando les preguntó: "Que clase de hombres eran, los urus contestaron que "no eran hombres, sino urus". El título de "hombre", según los urus, era para los pobladores que gozaban de ciertos derechos" (Julio Delgadillo V.). "Para los urus prevalecía la idea de que a cada fenómeno del Universo correspondía otro fenómeno análogo" (Schneidder). Es decir, los fenómenos tendrían una correspondencia antagónica. Por lo tanto, interpretaban su entorno como un mundo antagónico; donde el día se contrapone a la noche, las sombras se enfrentan a la luz, el mar al fuego, el bien al mal y así construyeron su mundo basado en un sistema de dualismo.

La cultura Uru adoraba a su Dios Wari que vivía en las montañas. El antropólogo, Carlos Condarco Santillán, en su libro "Uru-Uru: Espacio y Tiempo Sagrados", nos dice: "es posible que el antiguo pueblo Uru haya considerado a Wari como el principio que animaba el mundo. Como emanadero del espíritu universal. Hacemos esta conjetura partiendo de la observación de que, en uru, hahuari (con la variante huahuari) significa alma". Al mismo tiempo, el historiador y antropólogo orureño, Ramiro Condarco Morales, basándose en otros investigadores; pone en alto relieve una interesante teoría, digna de mencionarla:

"... algo remarcable consiste que a lo largo de su accidentada existencia, el espíritu de la ururidad, vivió presidido por una deidad que poseía el don de la "ubicuidad". Es comprensible que los urus hayan imaginado al providencial rector de su existencia, como un genio que transita por encima de aguas, tierras, pantanos y peñascos, pero que también habita, como ellos, en el fondo de sus cavernas, convertidas pronto en veneros de metales suntuarios. Esa divinidad recibió el original nombre de TIW, o el Tío de nuestros días, que en lengua Uru equivale a "Protector". La creencia en el TIW, dio lugar a la creación de adoratorios, en los cuales se rendía culto a los ídolos de piedra, representativos de una imagen antrozoomorfa, cuyo rostro con boca y ojos culmina por arriba, en una suerte de largas orejas verticalmente dispuestas sobre el conjunto, a manera de cuernos".

La relación Dios-Hombre, en la cultura Uru, se refleja en el mito entre Wari y los urus. Cuenta la leyenda que cuando llegaron los conquistadores con su carga evangelizadora, los urus empezaron a olvidar a su Dios nativo Wari. Entonces al ser abandonado por sus devotos, se enfurece y se revela como un monstruo lanzando fuego por todas partes. Entra en guerra con toda una población que deja de rendirle pleitesía y, en consecuencia, les envía feroces animales hambrientos para hacerles desaparecer del mapa andino. A este feroz ataque se contrapone una bella mujer, llamada Ñusta o Virgen del Socavón de aspecto angelical, que decididamente defiende a los urus de los malhechores. Por obra y gracia de su poder milagroso, logra petrificarlos al sapo, a la víbora y al lagarto. A las hormigas las convierte en arena. La Ñusta vence a Wari, y éste es calificado como "diablo" por los españoles. Wari, derrotado y humillado se transforma en el Tío. Se aleja del mundo y todas sus bulliciosas combinaciones. Se adentra a los socavones de las minas, a los parajes y las rocas frías y silenciosas lo protegen, como él protegía a los urus. Pasa a formar parte de las tinieblas subterráneas y con sus ojos, brillosos de cristal, advierte que nadie puede burlarse de él.

El Tío vive entre callapos, barrenos, perforadoras, guardatojos y teodolitos. Se siente como pez en el agua en el lugar que le ofrecen cuyunas, hojas de coca, alcohol, serpentina y golosinas multicolores. Despide azufre de su cuerpo y hace correr copagira por los suelos cuando alguien intenta atacarlo. Paradójicamente, a su condición de vencido, el Tío se transforma en dueño y señor de yacimientos de oro, plata, estaño, zinc y otros metales preciosos. Es entonces cuando se le asume una suerte de Dios del bien y del mal, dependiendo como lo tratan. El Tío es un miembro más de la familia minera. Los que están a su alrededor, le dan comida, bebida, le cantan, le hablan de sus penas y alegrías. Comparten sus comentarios de fútbol. También hablan de los sindicatos, de un futuro mejor y de las dictaduras militares. "En cuanto al sustantivo "Tío", se cree fue introducido entre los años 1676 y 1736. Utilizando como nexo el término español de parentesco "Tío", los mitayos buscaron un vínculo que estableciera una relación parental con la divinidad amanecida en su imaginario. Los mineros serían sus sobrinos" (Carlos Condarco S.).

En el Museo Antropológico, Eduardo López Rivas, existe un monolito que posiblemente es la representación de los dos personajes que protagonizaron la guerra. Es decir, de Wari y de la Ñusta. Se trata de una pieza lítica que representa a dos seres. En la parte superior, muestra la cabeza de una mujer, que más parece hombre, con una mirada serena. Tiene labios finos, la nariz un poco ancha y los ojos achinados. Da la impresión que estuviera cubierta con una pañoleta al estilo de las mujeres musulmanas. En la parte inferior, que sirve de base, muestra un rostro desfigurado con los ojos saltones, la boca grande y la nariz pequeña. Carlos Condarco S, cuando se refiere a este monolito, advierte: "Ambos rostros, si se realiza una lectura por separado, nos llevan a la conclusión anotada: La Ñusta, arriba; Wari, debajo". No se puede hablar del Carnaval de Oruro, sin mencionar al Tío y a la Virgen del Socavón. Ellos son los impulsores de este fastuoso Carnaval que, año tras año, muestra manifestaciones del folklore boliviano.

La Corona española tenía como objetivo "cristianizar" a los pobladores de gran parte de América. Y, por eso, trataban de sustituir las costumbres paganas de los pueblos andinos por los autos sacramentales. En otras palabras, introducían piezas teatrales religiosas que trataban sobre un dogma de la Iglesia Católica, pero tenían el trasfondo del Sacramento de la Eucaristía. Así se representaba, por ejemplo, Corpus Christi.

Wari fue derrotado por la bella Ñusta y, como ya se mencionó anteriormente, los conquistadores lo convirtieron en "diablo". Entonces utilizando la mentira hicieron creer, en su afán de catequizar, a los Urus, a los Kechuas y a los Aymaras que Wari era un monstruo salido del infierno. Y, como es de suponer, actuaba en contra de la humanidad. "... los españoles trajeron la concepción del mal y de su personaje principal: el Diablo..." (Alberto Guerra G.). Según la religión católica, el diablo está en el infierno y en las tinieblas. Efectivamente el diablo, apodado el Tío por sus sobrinos, pasó a las tinieblas de los socavones para ser amo de los minerales preciosos. Al contrario de la visión española, Wari fue, para las culturas ancestrales, el dador de riquezas y protector de los mineros. Los indígenas adoraban a sus dioses tutelares, pero el choque entre la Cultura Occidental y la Cultura Andina, hizo que asimilaran al dios cristiano. Sin embargo, no dejaron de rendir culto a sus propias deidades.

Durante el proceso de la Conquista, muchos de los dioses andinos fueron identificados con los santos cristianos. Todo esto dio lugar a un sincretismo religioso en la sociedad boliviana. Existe, por lo tanto, una relación entre los diablos del Carnaval de Oruro y la Virgen del Socavón. Los mineros son parte de este dualismo: adoran al Diablo y a la Virgen del Socavón a la misma vez.


El Tío: Museo del Minero. Fotografía de Javier Claure C.

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