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Domingo, 28 de julio de 2013
LA PATRIA, Revista Dominical
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CINE Y LITERATURA

El hombre de Alcatraz…

•  "Nadie sino un preso, puede comprender la cárcel…"

• Por: Juan Manuel Fajardo - Abogado, Ensayista, Crítico de Cine


Celdas de una de las cárceles más famosas del mundo
Se ha escrito que la historia del hombre es en cierto modo, la historia del derecho y que a cada estructura social, le corresponde un determinado ordenamiento jurídico y, "que si bien el derecho no peina canas, con el paso de los años ha ganado en experiencia y sabiduría". ¿Será esto así?, ¿Será verdad que la justicia cumple acertadamente su misión dentro la sociedad? La ecuación crimen – castigo ha funcionado hasta ahora; siempre aparece y habrá alguien, experimentando una nueva emoción, un escalofrío nuevo, con una acción contra el orden establecido. Los Estados Unidos el país más poderoso de la tierra, el que se dotó de una Constitución, modelo de otras, tienen un sistema judicial, que ha sido puesto a prueba, en procesos que han hecho historia, por la severidad de las penas y de sus prisiones. Algunos causaron revuelo en su momento por la prominencia de sus protagonistas, que encerrados tras las rejas de inexpugnables cárceles, pudieron mejorar sus conocimientos con el afán de salvar sus vidas, llegando los pormenores de sus acciones a diarios, revistas y al cine que las recogió en algún caso con la más absoluta independencia de criterio.

El fenómeno de la delincuencia ha fascinado siempre; en todas las sociedades políticamente organizadas los reportajes periodísticos sobre crímenes y las descripciones de estos, han llamado y llaman la atención de la opinión pública; famosos casos criminales individuales, bastante peculiares son la vida, pasión y muerte de Gloria Graham, Caryl Chessman y Robert Stroud, los tres sostuvieron verdaderas batallas legales, defendiendo su derecho a vivir, desde las prisiones de San Quintín, Alcatraz y Sing Sing en los Estados Unidos, estas son sus historias.



LA QUE NO QUERÍA MORIR…

Barbara Graham nacida en 1923 en Oakland California, fue ejecutada en la cámara de gas el 3 de junio de 1955, por un crimen que hasta el último momento de su vida aseguraba no haber cometido; complicada muchas veces en prostitución, afición a las drogas, perjurio y complicidad, según relata el periodista Ed Montgomery, Premio Pulitzer "fue una mujer sin rumbo con un concepto muy especial de la lealtad para con los de su ambiente"; Montgomery que él mismo se dice, en un principio "tenaz, duro e implacable censor de la Graham, acusada de un asesinato", al ir lentamente estableciendo la duda razonable a favor de ésta, fruto de sus personales indagaciones, llegóse a convencer de su inocencia, escribiendo una serie de artículos, fundados en las entrevistas realizadas con ella, en todo el tiempo que antecedió a su ejecución, y en las cartas de la propia Barbara que sirvieron de base para la construcción de un guión específico y su remisión al celuloide.

"La que no quería morir" o "I want to live", es la película que Robert Wise realizó en 1958; filmada en blanco y negro, ganó el Oscar a la mejor actriz, Susan Hayward, por su actuación descollante e intensa encarnando a Barbara Graham. Sin caer en exageraciones interpretativas, Susan Hayward ciñó su desempeño a los cánones y al carácter especial de la verdadera Graham, que las crónicas de Montgomery detallan, y que van desde los ataques de histeria, hasta el incontenible llanto de una mujer, que viola la ley, arriesgando su propia existencia; ésta actuación notable, es el mérito de la película, cuya antigüedad, más de cincuenta años no la hace anacrónica; es una unilateral visión del tratamiento del tema que muestra a la Graham, como un ser inocente víctima del sistema, es una especie de alegato contra la pena capital, que cuestiona el triste y degradante papel de la justicia que utiliza medios innobles, para arrancar una falsa confesión y llevar a sentencia condenatoria a la presunta autora.

La parte documental del filme eriza los pelos, causa emoción y tensión, al describir los preparativos para una ejecución en la cámara de gas; el cúmulo de todos los detalles, mantienen el suspenso en el espectador, logrando que no pueda sustraerse al trágico final; aún en la pantalla chica, su ritmo firme y acelerado provoca un anticlímax, el de sentir alivio al terminar la película, con el último estertor de la ejecutada.



CARYL CHESSMAN…

Otra figura de tremenda resonancia internacional, fue Caryl Chessman llamado "El bandido de la luz roja"; prototipo del joven norteamericano de finales de los cuarenta, nació en 1921 en el seno de una familia clase media; diversos reveses de la fortuna llevaron a su padre al suicidio; desde los 15 años Chessman, se involucró en actos delictivos, hasta ser internado en un reformatorio, al salir sus robos fueron de mayor importancia, esta vez con armas de fuego. La quinta vez que ingresó a un penal fue a San Quintín, en el Estado de California con una condena de 16 años; trasladado a la cárcel de Chino, logró fugar, recapturado fue enviado al penal de Folsom con condena de veintiocho años; tres años más tarde en 1947 obtuvo libertad vigilada, su madre agonizaba de cáncer. Por aquella época en enero de 1948, hizo su aparición un sujeto que utilizando una sirena policial de luz roja, sobre el techo de su automóvil, aterrorizaba a los ciudadanos de Los Ángeles; interceptaba, asaltaba a parejas de enamorados en parques y jardines, en las playas de Malibú y Santa Mónica, haciéndose pasar por policía, robaba, raptaba y violaba a sus víctimas. El 3 de julio del mismo año Caryl Chessman entraba en la prisión de San Quintín, acusado de rapto y violación de dos jóvenes, se lo identificó como "El bandido de la luz roja"; tenía 27 años cuando un tribunal lo condenó por estos delitos a la pena de muerte.

Caryl Chessman a los 39 años de edad, logró renombre mundial, por haber rechazado ser asistido por abogados y llevar adelante su propia defensa; la razón de su fama residió en la tenaz lucha que sostuvo por salvar su vida, primero alegando su inocencia y defectuosas prácticas procesales y segundo, interpelando a la sociedad norteamericana, protestando contra la inhumanidad de la pena de muerte establecida en la "Ley Lindbergh", para los autores de rapto, a raíz del secuestro y asesinato del hijo del célebre piloto del "Spirit of Saint Louis", monomotor con el que el año 1928, cruzó el Atlántico, uniendo las ciudades de Nueva York y París.

Chessman estuvo residenciado, en el llamado "Pabellón de la muerte" de la prisión de San Quintín desde 1948, durante doce años aplazó su ejecución. En su celda durante los años que transcurrieron en esta circunstancia, escribió cuatro libros, entre ellos uno que se convirtió en best seller y le reportó más de cien mil dólares; sin contar los derechos cinematográficos, "Celda 2455, Pabellón de la muerte", vendió más de un millón de ejemplares a nivel mundial. Para llevar adelante su batalla legal, estudió como nunca lo había hecho estando libre. Experto en derecho, son de su propia factura alegatos, artículos de prensa en francés y español; ésta forma de regeneración dentro del penal y su éxito literario, dinamizaron a la opinión pública internacional. Celebridades como Eleonor Roosevelt, Pablo Casals, Norman Mailer, Ray Bradbury, Robert Frost y el famoso periodista Dwight MacDonald, firmaron un petitorio, solicitando la conmutación de la pena de muerte; hasta el rocker Ronnie Hawkins, escribió la famosa "Balada de Caryl Chessman". Poco antes de su ejecución el diario del Vaticano "L’Osservatore Romano", vocero del Papa, abogó por el cambio de sentencia; incluso, se llegó a pedir le otorguen a Chessman el Premio Nobel de la Paz para salvarle la vida.

A los inicios de una década que cambió el curso de la humanidad, por los diversos fenómenos sociales y culturales que en ella se sucedieron, Caryl Chessman fue conducido a la cámara de gas el 2 de mayo de 1960, a las ocho y diez minutos de la mañana fue declarado muerto, había inhalado la suficiente cantidad dosificada de gas hidrocianhídrico. Partes de una carta dirigida por Chessman a su agente literario dicen: "Ahora que el mundo está más consciente de los pabellones de la muerte y de las cámaras de gases, creo que lo que me ha ocurrido a mí no será en vano. Mi vida o mi muerte deberá tener una significación social importante". "La pena capital no es un castigo". "He visto a los pobres, a los abandonados, a los desequilibrados, ser conducidos a las cámaras de ejecución. Y cada vez he sentido que la sociedad rehuía sus responsabilidades. Las faltas o delitos de aquellos infelices eran las de la civilización, y la sociedad, en lugar de corregirlas las pretende borrar con la pena de muerte".

Chessman alegó siempre ser inocente hasta el final, sus doce años de lucha denodada porque se le declarara inocente, ocasionaron millones de telegramas, ataques a embajadas en varios países; protestas y manifestaciones fueron en vano, la sentencia se cumplió y sólo queda el recuerdo de este caso.

Basado en el libro "Celda 2455, Pabellón de la muerte", el filme homónimo del director Frederick S. Sears de 1956, con crudeza en las escenas y en los diálogos, explota el interés humano por el suceso; sin pretender moralizar, constituye además, otro alegato contra la pena de muerte y un documento sobre el fenómeno de la delincuencia. A pesar del tiempo transcurrido desde su realización, mantiene viva la polémica, sobre uno de los castigos más severos que han instituido algunas sociedades, para sancionar cierto tipo de delitos, como la violación, el estupro y el asesinato.



ROBERT STROUD…

Una publicación de EFE Reportajes de junio del 2012, reseñaba la fuga de tres presos el 11 de junio de 1962, hace cincuenta años, de la prisión de Alcatraz, en aquel tiempo una de las de máxima seguridad de los Estados Unidos, edificada sobre un peñón en la Bahía de San Francisco; según la nota, Frank Morris convicto por asesinato, posesión de armas, narcotráfico y robo, junto a los hermanos John y Clarence Anglin y Allen West, planearon y ejecutaron la fuga más famosa del penal a través del sistema de ventilación. Si lograron o no su objetivo de llegar a tierra firme, hasta hoy es un misterio, porque nunca fueron recapturados y, porque en las frías aguas de la bahía tampoco fueron encontrados sus cuerpos. Un año más tarde en 1963 la Penitenciaría Federal de Alcatraz, cerraba sus puertas para siempre, tras la salida sin retorno hacia un centro médico de uno de los más famosos y último de los reclusos que estuvo allí internado desde 1943; hablamos de Robert Stroud, el llamado "Pajarero de Alcatraz" o también "El hombre de Alcatraz", cuya azarosa vida fue plasmada por Thomas Gaddis, su biógrafo, en una obra homónima.

Alcatraz, como prisión fue también famosa, porque allí los enemigos públicos número uno de la sociedad norteamericana, los gangsters, "Ametralladora Kelly", "Baby face" Nelson y Al Capone, vivieron y murieron en diferentes circunstancias. Hoy Alcatraz está convertido en atracción turística y en monumento a un sistema penitenciario del pasado; su fama de prisión inexpugnable fue relievada en el filme "La celda olvidada" (1962), dirigida por John Frankenheimer, y en "Alcatraz fuga imposible" (1979) de Don Siegel; y últimamente en la serie para televisión de los estudios Fox, titulada "Alcatraz" (2011) de J.J. Abrams, que utilizando el penal de telón de fondo, narra algunos hechos fantásticos ocurridos allí, como la "desaparición o escape" de reclusos hacia una dimensión desconocida, formulando la teoría de que esta extraña situación, habría sido el motivo de cierre del penal, y no las causas económicas que se alegaron en su momento. Esta serie fue filmada "inside" Alcatraz; en cada uno de los 12 capítulos se puede observar la real infraestructura carcelaria. Si el caso de los evadidos Morris y Anglin fue cerrado por el FBI oficialmente el año 1979, empero el recuerdo de Robert Stroud, aquel preso de "La celda olvidada", aún llama la atención, trayéndonos a recuento su historia que como las anteriormente reseñadas, es una de las muchas que se escribieron dentro los muros por otros que como él, por haber delinquido de diversas maneras, fueron atrapados por el sistema y recluidos en penales de triste memoria.

Robert Franklin Stroud, nació el 28 de enero del año 1890 en Seattle-Washington, Estados Unidos de Norteamérica y falleció el 21 de noviembre del año 1963 en el Hospital Federal de Springfield (Missouri). Hijo primogénito de Ben Stroud y Elizabeth McCartney tuvo una infancia difícil, en tiempos difíciles, dentro una familia difícil; Thomas E. Gaddis señala que "el padre pretendió que el hijo que venía en camino no naciera, fue su madre que le dio todo su apoyo y ternura"; en una carta dirigida al presidente Wilson en ocasión de solicitarle la conmutación de la pena de muerte, le decía "cuando el niño nació su padre no se preocupó de él en lo más mínimo. A medida que iba creciendo lo trataba de mal en peor y amenazaba con matar no sólo al niño, sino a toda la familia, en su frenesí de borracho". El resultado fue que la criatura nunca vivió como los demás niños, dice Gaddis: "Hay pocas dudas de que Robert fue criado en el odio al padre con la leche de la madre". Stroud niño retraído y solitario es un modelo de las motivaciones de abandono escolar; su vida en la escuela y colegio es lastimera; "demasiado flaco y alto para su edad, zurdo y nada acostumbrado a la compañía de otros niños, se sienta aparte, en un pupitre que está en un rincón"; "durante los recreos se va de caza". "La familia con el nacimiento de su hermano Marc en 1897, parecía llevarse bien, aunque en el fondo existía una atmósfera de tregua armada". "Robert Stroud, que nunca supo lo que era el miedo, atraído por los muelles, reportó de adolescente afición por el mar, los años siguientes, vivió como un vagabundo, buscando no sabía que, tal vez un lugar al de pertenecer, u otro hogar…". Este es un patrón casi universal del camino hacia la delincuencia.

La vida adulta de este personaje puede resumirse así: Stroud de 19 años recala en el pueblo de Córdova en Alaska, corre el año 1909; unido sentimentalmente a una mujer mucho mayor que él, mata de un tiro a Charles Dahmer un rufián que había agredido sexualmente a su pareja; condenado a 12 años de cárcel, la puerta de aquel ámbito creado por el hombre para enjaular a otros hombres, se abre para dejarle entrar y se cierra tras él para siempre; cumple condena en la isla McNeil prisión federal en la que impera el silencio riguroso, además de otras 95 reglas; es la antesala del infierno, allí los indisciplinados y rebeldes son apaleados sin compasión, en ocasiones encadenados a la puerta de su celda y colgados de los pulgares; éste régimen carcelario endureció y retorció su personalidad; tres años más tarde, en 1912, es trasladado al penal de Leavenworth en el estado de Kansas; el presidente W. Wilson, impulsa una reforma penitenciaria, aboliendo degradantes prácticas, como los uniformes a rayas y permite el estudio por correspondencia a los reclusos; Robert Stroud los aprovecha al máximo, había entrado en la cárcel apenas sabiendo leer y escribir; aplica a cursos de matemáticas y astronomía, encontrando en el conocimiento, la lectura y el saber, una puerta de escape a un mundo en el que se movería libremente durante décadas, no obstante los fríos muros y rejas de las prisiones por las que pasaría.

Stroud llevaba en su interior un trauma relacionado con las palizas que le propinaba su padre, odiaba ver a alguien maltratado y detestaba implícitamente la injusticia y el abuso de aquellos que eran la autoridad inapelable en las prisiones, los guardias; un día de marzo de 1916, dio muerte a Andrew F. Turner, guardia que había consignado a Stroud en su lista, por haber involuntariamente infringido la ley del silencio en el comedor de la prisión; esto significaba que perdía el privilegio de recibir la visita de su hermano Marc que había viajado desde Alaska para verlo, situación que Stroud no podía asimilar; la desazón se apoderó de él, rogó al guardia por interpósita persona que pasara por alto dicha falta, la respuesta fue: "Podría hacerlo, pero no le da la gana". Stroud en su desesperación interpela a Turner, éste le aporrea, cae muerto, el escenario del crimen es el comedor del penal. El 27 de mayo de 1916 el juez federal John C. Pollock lo sentencia a la horca, señalando el día 21 de julio de aquel año para la ejecución. Lo que vino después fue la anulación del juicio y una batalla legal y otra silenciosa, librada bajo los techos de la prisión de Leavenworth entre dos bandos, los guardias y los reclusos, "declarar como testigo presencial a favor de Stroud era desafiar la furiosa decisión de las autoridades del penal de verlo ahorcado", "Antes de que el juicio empezara, seis presos consiguieron la libertad flotando sobre la sangre del guardia Turner. Otros, en cambio quedaron incomunicados". Los funcionarios de prisiones estaban decididos a dar un ejemplo. El 22 de mayo de 1917 se inició una segunda vista de la causa, la Corte Suprema también anuló este segundo juicio; un tercer juicio terminó con sentencia de muerte ordenando que Stroud sea ahorcado el 8 de noviembre de 1918. Luego de un aplazamiento de la ejecución, el Tribunal Supremo confirmó el 24 de noviembre de 1919 la sentencia de muerte dictada contra Stroud para el 23 de abril de 1920. Merced a una denodada campaña llevada a cabo por Elizabeth Stroud, su madre, el 15 de abril de 1920 le fue conmutada la pena de muerte por cadena perpetua, con rigurosa incomunicación, aislamiento durante todo el tiempo de duración de su condena, autorizado sólo a dar un paseo de media hora diaria en el patio de ejercicios del penal y sin posibilidad de reunirse con otros presos. En junio de 1920 Stroud recogió del patio a cuatro gorrioncillos de un nido que había sido traído, junto a una rama, por una tormenta dentro los muros de la prisión, empezando de esta extraña manera, su carrera de ornitólogo, "hombre que frisaba los treinta años, apartado de sus compañeros, alejado para siempre de la rica y variada vida del exterior. Un hombre en una jaula de hierro dentro de una prisión". "Lo irónico del caso, era que éste hombre triplemente enjaulado construyó por su propio gusto otra jaula más y con jaulas llenó su soledad con la más cálida y más asombrosa vitalidad que haya en la tierra; la de los pájaros vivos". Stroud crió desde entonces gorriones y canarios con pedigrí, que fue una sus fuentes de ingresos: las enfermedades de sus aves y el descubrimiento de la cura de la fiebre séptica, virus invisible al microscopio, lo hizo famoso; empezó a publicar artículos en revistas de pájaros. Luego de ocho años, en 1928, "convencido de que había encontrado, un modo de beneficiar al prójimo y pagar su deuda a la sociedad, dirigió una primera petición de clemencia al poder ejecutivo.

En julio de 1929 por ordenes del Departamento Federal de Prisiones, cesó el negocio de Stroud y le fueron confiscados sus pájaros; la lucha por la conservación de este privilegio que sostuvo Stroud, está en el libro de Gaddis, "Stroud hizo pública su situación de penado, que había buscado un empleo, un trabajo digno, solo para ver que el Estado se lo arrebataba"; "fue tal la presión de la opinión pública que la Dirección de Prisiones decidió devolverle sus privilegios".

Pasando los años a Stroud ya no le fascinaban los pájaros enjaulados, empezaba a fascinarle el problema de los hombres enjaulados y las complicadas teorías del derecho penal. Aún así terminó de escribir un libro o tratado sobre pájaros. En 1941 y en las postrimerías del ingreso de los EE.UU. a la Segunda Guerra Mundial, le fueron impuestas duras restricciones a la crianza de sus aves; un año más tarde el 15 de diciembre de 1942 a las cinco de la mañana, Robert Stroud fue sacado de su celda en Leavenworth y trasladado engrillado y enmanillado a la prisión de Alcatraz, donde despojado de sus pájaros, se dedicó al estudio del derecho en la biblioteca del penal. En Alcatraz, Stroud sobrevivió en 1946 a uno de los motines más sangrientos de la historia penal de los EE.UU. En 1948 terminó de escribir un tratado a cerca de las cárceles titulado Rehabilitación, subtitulado "Estudio analítico del sistema penal federal desde 1790 a 1930", obra que le fue confiscada; un intento de sacar un ejemplar al exterior de la prisión, le ocasionó un periodo de aislamiento total, sin permitírsele leer periódicos, ni oír radio, ni ver a otros visitantes que a su familia. El libro de Thomas E. Gaddis reseñado, concluye: "Y así, Stroud sigue siendo el hombre de La Roca, un Prometeo obligado a una rebelión incesante contra la actitud de venganza punitiva inherente a la estructura, a la actitud y al clima emotivo de las cárceles". "En 1955 Stroud es un hombre viejo, achacoso y gastado, sus pájaros antaño los vivos compañeros de su soledad, son hogaño los muertos espíritus del recuerdo. Confiscados sus escritos carcelarios, oscurecido en piedra su espíritu de hierro, aguarda el perdón o la muerte, con el espíritu todavía inflexible".

La trayectoria asombrosa de Robert Stroud, su vida entre rejas está cruzada transversalmente por la vida de figuras auténticas, todas se asemejan a una tragedia de Esquilo. El libro de Gaddis titulado en inglés The birdman of Alcatraz fue publicado en 1958, sirvió de base para el guión cinematográfico del filme "La celda olvidada", protagonizado por el célebre actor ya fallecido Burt Lancaster, uno de los más destacados de Hollywood del pasado, que encarnó a Stroud en un papel realmente impresionante; realizado en blanco y negro, como la vida misma, este filme recoge los trozos más importantes de la vida de Stroud y su enseñanza: "Nadie sino un preso puede comprender la cárcel".



Notas:

"Quiero Vivir" – Ed Montgomery. Ed. Diana. México 1960.

"Celda 2455".- Caryl Chessman. Ed. Diana. México 1963.

"El hombre de Alcatraz".- Thomas E. Gaddis. Ed. Cedro. Bs. As. 1963


Alcatraz inspiró numerosas películas

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