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Domingo, 7 de abril de 2013
LA PATRIA, Revista Dominical
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Cine y Literatura

El estigma del arroyo…

•  "Ya era tarde, sus ayudantes pudieron haber arrojado a tiempo la toalla…"

• Por: Juan Manuel Fajardo - Abogado, Ensayista, Crítico de Cine


Hugo Ledezma y Cornelio Yapura (1965)
Así como lo hiciera con grandes hechos históricos, amores celebres, hechos fantásticos, el cine también se ocupó del deporte; en sus primeros años seguramente en documentales silentes, después historias reales unas, y otras, sobre algún libro o novela, con los propios protagonistas o con actores de fuste, caracterizando a algún campeón. El box tuvo su lugar en el cine. En 1932 King Vidor realizó "El Campeón" con Wallace Berry que ganó el Oscar al mejor actor, además al mejor guión original, y estuvo nominado a la mejor película y mejor director; historia melodramática sobre la vida de un excampeón de box y sus relaciones con su pequeño hijo, para el cual él es el más grande, el mejor; años más tarde vendrían "El ídolo de barro" (1949) de Mark Robson, "El Estigma del arroyo" (1956) dirigida por Robert Wise y, "Réquiem por un luchador" (1962), dirigida por Ralph Nelson, emblemáticos filmes. El documental "El más grande", sobre la vida de Muhammad Ali (Cassius Clay), es uno de los testimonios de una leyenda del box aún viva. Un centenar de filmes desde 1891 incluyen títulos como "Pepe el toro" (1953), "Nocaut" (1984), "Puños y rosas" (2004), "Million dollar baby" (2004), "A México con amor" (2009), pasando por todos los "Rocky" I, II, III, IV y V hasta "Knockout" (2011).

Otro de los deportes abordados por el cine fue el billar, en 1960 Robert Rossen dirigió "El audaz" con Paul Newman; Sobre el mismo tema Martin Scorsese, realizó en 1986 el largometraje titulado "El color del dinero"; y en 2006 sobre el turbio ambiente de los jugadores de pool, "La última jugada", fue dirigida por Mars Callahan. Las carreras de automóviles en grandes escenarios, con ficción de por medio se encuentran en "Gran Prix" (1966) de John Frankenheimer y, en "Las 24 horas de Le Mans" de Lee H. Katzin (1971)



¡SONÓ EL GONG…!

La práctica del box como deporte se remonta a los lejanos días de la antigüedad grecolatina, quizá hasta el siglo tercero antes de Cristo, en el que los contendores utilizaban el llamado "cestus" o medio guante de cuero que se acomodaba a la mano. La XXIII Olimpiada griega del año 688 a.C., es uno de los primeros antecedentes históricos. El "pugilato" estuvo presente en el mundo romano, donde la destreza física y la fuerza, eran una parte importante. En el siglo XIII, el monje italiano Bernardino de Menthou, ante los sangrientos combates en que se empleaba el "cestus", predica la práctica del "puño limpio"; por vez primera aparece el término "boxear". La historia sigue de Italia a Inglaterra, hasta el siglo XVII en que Jim Figg es considerado, el primer campeón de box a puño limpio; en 1743 aparecen "Las reglas revisadas de Londres para las peleas de ring", que sitúan las lizas dentro de un cuadrilátero; son las únicas conocidas y aceptadas de manera universal, hasta las que escribiera el Marqués de Queenberry en el año 1860, contenidas en doce artículos: el primero dice, "Debe ser un match de pie, en un cuadrilátero de 24 pies por lado"; el segundo, "Se prohíbe el clinch"; el tercero, "Los rounds serán de tres minutos, con descanso de uno por round"; el cuarto, "Habrán 10 segundos para ponerse de pie, en caso de caer a la lona"; y así, sucesivamente el octavo, "Los púgiles emplearán guantes de cuero de tamaño adecuado"; estas con ligeras modificaciones, rigen hasta nuestros días; de Europa el box que era considerando como entretenimiento y práctica por las clases altas, pasó a Norteamérica donde lo mismo sucedió con los aristócratas del Sur; los nuevos gladiadores fueron sus esclavos. A la par que aparecen las apuestas, los apostadores y la presencia de promotores inescrupulosos, aparece el boxeo profesional que empieza a vivir su propia crisis en el angustiado mundo de las dos grandes guerras mundiales; sus dos problemas básicos son: el gansterismo versus honestidad y la peligrosidad del pugilismo para el combatiente. Campañas de prensa en los primeros años del siglo XX revelan la presencia, y el control de boxeadores y técnicos de pugilistas por facciones gansteriles. Hasta hoy no ha sido posible lograr su extinción; no será tan descarada como en los trágicos veinte, pero sigue aún disfrazada de legalidad, dentro y fuera de los estadios.

La noche del 14 de septiembre de 1923 en el Estadio Polo Grounds se enfrentaron en Nueva York, Luis Ángel Firpo (el toro de las pampas), crédito argentino con Jack Dempsey; Firpo en un combate espectacular de un golpe de derecha, sacó literalmente del ring, volando por los aires a Dempsey; esta es una de las muchas historias, otra es la de Cassius Clay, y su negativa a combatir en la guerra de Vietnam, aduciendo cuestiones de conciencia y religión. Norman Mailer en un artículo escrito en 1967 intitulado "Apreciación de Cassius Clay", señalaba, "los caudillos que dirigen nuestros deportes amateur y profesional y quienes sobre ellos escriben son, invariablemente, mediocridades, atletas de segunda línea; gravitan en la conducción de los deportes y en el establecimiento de los cánones del deporte, hasta el punto de expulsar del boxeo a Muhammad Ali. Así se nos ha privado del espectáculo intimo que se desarrollaba en público, la forja de un artista profesional de dimensiones extraordinarias..."; "Cassius, estaba revolucionando la teoría del boxeo, al que llevaba hasta esa clase monárquica y fantasmal en que cada teoría es una bomba...".



GOLPES CON

CONSECUENCIAS…

En cuanto a la salud humana en la práctica de este deporte, desde hace sesenta años se viene discutiendo la profilaxis del boxeo, cuestionamientos como: ¿Será el box un deporte noble y humano?, ¿se podrá llamar al boxeo el arte de defensa personal, o simplemente es un espectáculo bárbaro, como las corridas de toros, donde el púgil está expuesto a una fatal e irremediable destrucción? Hace muchos años, pero sin resultados, existe una corriente que pide la abolición del box como deporte y como espectáculo público.

Allá por 1954 los médicos Harry Kaplan y Jefferson Browder de Brooklyn, exponen sus puntos de vista en un Informe sobre el boxeo, llegando a la conclusión, después de revisar los archivos de la Comisión Atlética de Nueva York, de que "los más severos golpes a la cabeza de un boxeador, en pleno combate dentro de un cuadrilátero, generalmente no son tan perjudiciales y no causan la muerte, ni un estado de neurosis permanente"; "de la misma manera que el cuerpo humano es capaz de producir un daño devastador en otro cuerpo, ese otro cuerpo también posee condiciones para asimilar incalculable energía"; "en boxeo, el impacto de un sólido golpe a la cabeza produce una conmoción extraordinaria, pero en un porcentaje alto, los púgiles no sufren efectos destructivos en su cerebro a menos que hayan sido enfrentados a rivales muy superiores que lleven en su cerebro la dolencia adquirida antes de ser boxeador". "Tanto peligro corre un conductor en la carretera como un boxeador en el ring". En la orilla opuesta, el profesor de fisiología Arthur Steinhaus, señalaba: "el boxeo es 83 veces más mortífero que el fútbol americano colegial y 50 veces más que el universitario", "las hojas clínicas hablan elocuentemente del daño producido en el cerebro de jóvenes boxeadores cuyas impresiones electroencefalográficas eran normales antes de dedicarse al box; impresiones posteriores establecieron modificaciones alarmantes que prueban, el peligro de ser golpeado en la cabeza por un puño especializado".

De los análisis reseñados, es obvio que se encuentra una falta de pauta ética y una ausente formula tendiente a la precaución humanista; la historia atribuye, buena parte de responsabilidad por los casos de muerte, semiparálisis o neurosis a los promotores ansiosos de alentar el prestigio de boxeadores famosos a través de peleas arregladas, "púgiles con una carrera de castigo corporal persistente, o completamente inutilizados como seres humanos, estarán siempre dispuestos a servir de sparrings para lucir a un campeón". De esta calamitosa situación están llenos los libros de récords del boxeo. Vivir en estado vegetativo en un apartado y oscuro barrio de una gran ciudad, mirando a lo lejos las luces de un estadio como el Madison Square Garden, escuchando el estruendo de los aplausos al vencedor, que no ganó la pelea limpiamente, sino que cometió un crimen, puede ser el último combate para otro "derrotado por la vida".



EL ESTIGMA DEL ARROYO…

Robert Wise (1914-2005) es uno de los pocos directores de cine norteamericano que ganó con sus filmes, el Oscar de la Academia de Ciencias y Artes de Hollywood, no de uno en uno, sino en grupo; su brillante carrera tiene títulos, como "La que no quería morir" (1958); empezó como montajista en 1941, hizo el trabajo para "El ciudadano Kane" de Orson Welles; con el filme "Amor sin barreras" de 1991 ganó ocho premios Oscar, y con "La novicia rebelde" (1965), cinco, en ambas mejor película y mejor director; otras de sus películas son "Star Trek" (1979), "La doble vida de Audrey Rose" (1977), "La tragedia del Hindenburg" (1975), "El cañonero del Yangtze (1966), "Helena de Troya" (1955), "El día que paralizaron la tierra" (1951). "El boxeador" (1949), sobre un cuento de Jack London, junto a "El estigma del arroyo" (1956), son los dos filmes en que Wise aborda el mundo del boxeo; en este último el personaje Thomas Rocco Barbella, es un delincuente juvenil en los barrios bajos de Nueva York, uno de los jóvenes salvajes de carácter difícil, que como miles no tiene futuro; perseguido por la ley por pequeñas raterías, acosado por su entorno, fugado del Servicio Militar, un día desesperado entra a un gimnasio, sin saber que iría a empezar una carrera que lo convertiría en una leyenda de los pesos medios; Paul Newman es Rocky Graziano (1919-1990), nombre que en un acto desesperado adopta Barbella para conectarse con un promotor. El filme está basado en la biografía de Graziano, escrita por la periodista Jinx Falkenburg, titulado "Alguien de arriba me protege". Como peleador callejero Graziano, es obvio que tenía dotes para el box que el entrenamiento posteriormente fue puliendo; éste filme es la historia de aquel que empieza, como muchos en la periferia, en el arroyo de las grandes ciudades y llega, superando la rabia y la frustración que dan la pobreza, a coronarse como campeón mundial; rodada con gran realismo esta película fue la segunda importante, de la carrera de Newman, la primera fue "El cáliz de plata" (1952).



RÉQUIEM POR UN

PESO PESADO…

"Réquiem por un peso pesado", es uno de los buenos filmes sobre el boxeo, realizado por Ralph Nelson (1916-1987). Anthony Quinn, es quien interpreta el papel de Lewis "Mountain" Rivera, boxeador al que Cassius Clay, derrota en las secuencias iniciales. Esta historia es parecida a la de Joe Louis, campeón de todos los pesos en la década del treinta. Louis tuvo muchas peleas y las ganó todas, pero no aquella con el departamento de impuestos de EE.UU., que sí le perdono la cárcel, no le perdonó el pago de intereses y multas hasta el último día de su vida. Rivera no sabía otra cosa que hacer sino boxear; lo había hecho por 17 años. Sin educación, sin alguna otra destreza para defenderse en la vida, fue rodando hasta el ring de la "lucha libre", para poder ganar unos dólares. Joe Louis en los cincuentas, disfrazado de payaso, recibía a visitantes ilustres en el Caesars Palace de las Vegas; en los sesentas, Rivera disfrazado de indio piel roja, ocultaría su fracaso ante un público cruel e hipócrita.

Entre todos los grandes sólo Jack Dempsey y Ali, supieron administrar su fortuna; otros, fueron víctimas de los intereses mezquinos más poderosos que la función moral del deporte. Acaso "Réquiem por un peso pesado", no sea más bien, la historia de una muerte anunciada, con un epitafio de cine negro, que se inscribe como una de las más duras visiones del real mundo del boxeo; es un filme anti boxeo. Su visión es directa y sincera, una especie de catarsis para el espectador. Los que tuvimos la oportunidad de verla en pantalla grande allá por 1963, quedamos por varios años con algo que decir sobre el box como deporte.

Lejos quedan los días en que el CAN era escenario de combates de los créditos nacionales como Cornelio Yapura, Hugo Ledezma, Hugo Choque Durán, Ricardo Meruvia o Walter "Tataque" Quisbert que a diferencia de Lewis "Mountain" Rivera, no acabaron sus días en un bar Jack Dempsey, especie de cementerio de elefantes, donde ex-boxeadores del ayer pasaban sus últimos días dentro de una botella de alcohol, rememorando sus hazañas, olvidados del mundo y de la atención del público que alguna vez coreó su nombre o los paseó en hombros.

"Réquiem por un peso pesado" es en mi opinión, uno de aquellos filmes en blanco y negro que junto a "El estigma del arroyo", hoy titulado "Marcado por el odio", vale la pena volver a ver ahora en DVD. La bondad innata y la ingenuidad de un marginal como "Mountain" Rivera, es más grande que la pequeñez de espíritu y la perfidia de su manager (Jackie Gleason) al que la mafia ha condenado a muerte por no pagar sus deudas de juego. En un mundo duro y sórdido, Rivera se sacrifica para salvarle la vida, aunque tenga que cargar la cruz de la derrota definitiva y transitar para siempre, el calvario de la farsa que significa la lucha libre en una especie de degradación moral. Obligado asume el contrasentido de haber subido alguna vez al cuadrilátero, con un amplio ego para vivir experiencias inmensas, en un ejercicio del yo que transformaba su alma y que lo llevaba hasta la cima, para hablar el lenguaje corpóreo del boxeador incorruptible; saber que su honestidad acabará noqueada por golpes que nadie podrá distinguir fácilmente, es una de las batallas más surrealistas contra su propio yo.

De Ralph Nelson, recordamos filmes provocativamente raciales como "Los lirios del valle", por el que Sidney Poitier ganó el Oscar al mejor actor en 1963 y, "Cuando es preciso ser hombre" (Blue Soldier) 1970, sobre la masacre de un poblado Cheyenne durante la conquista del Oeste, por la caballería norteamericana.



Notas.-

Jinx Falkenburg: "Rocky Graziano". Ed. Diana México 1970.

Norman Mailer: "Temas actuales". Emecé Edit. Bs. As. 1973.

Jack Dempsey: "La controversia del boxeo". Ed. Diana México 1972.

Joe Louis: "Mi vida". M. Berger. B. Nagler. Life. 1949.


Cartelera de "El estigma del arroyo", con Paul Newman

"Réquiem para un luchador", con Anthony Queen

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