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Domingo, 5 de junio de 2016
LA PATRIA, Revista Dominical
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Dos vidas, un camino, un destino

•  Por: Dehymar Antezana


Dos maestros que entregaron su vida a los niños
El salón de clases está lleno de niños, inquietos en medio de gritos y travesuras, esperan con ansiedad y expectativa conocer a su nuevo maestro. Aquel que sembrará con su conocimiento la semilla del saber, inculcará valores para su formación futura, con el afán de convertirle en un hombre o mujer de bien.

Así es la misión que Dios puso a miles de miles de varones y mujeres a lo largo de la historia. Ingresa al aula, los infantes con admiración lo observan, en su inocente mente reina la idea de algún día ser su amigo sincero.

Al escuchar su saludo la ansiedad crece más, al frente está él, ella, personajes que para los pequeños son como estrellas de televisión, pero ahí están muy cerca. Las primeras lecciones se ponen de manifiesto, lectura y escritura son la base de los pasos al éxito. Ciencias, matemáticas, urbanidad e historia completan la receta en los primeros años para comenzar a marchar.

Mientras el corazón del maestro se llena de alegría al ver a sus pupilos con hambre y sed de conocimiento, preguntas por aquí y por allá, lo convierten en un ser comprometido, abnegado y con la idea muy clara de ser el ejemplo para la nueva generación, sin margen de error. Así es el viaje a la educación.

Así es la historia de dos vidas que se unieron en un camino para llegar a un solo destino.

Él nació en Potosí el 19 de agosto de 1939 y ella en la ciudad de Oruro el 14 de mayo del mismo año. Al principio quizá con pensamientos distintos, uno más revolucionario y al otro extremo sólo florecía la vocación de enseñar.

Fue el inicio de dos maestros, Luis Mendoza y Blanca Moya de Mendoza, ahora jubilados, pero vigentes con la pasión de enseñar.

En el caso de doña Blanca, desde niña jugaba a ser maestra, vocación que sintió desde su nacimiento, aspiración que se concretó cuando ingresó a la Normal de Maestros "Simón Bolívar" en La Paz. Eligió primaria con la intención de lograr una profesión más, pero el destino quiso sólo que esté al mando de los niños en su enseñanza.

Su primer desafío fue en 1962 cuando debutó como profesora en la escuela "Avaroa" en Colquiri, donde cumplió sus funciones durante cinco años. La educación en aquella época era estricta, los exámenes para los alumnos se enviaban en sobre cerrado desde La Paz.

Dejó con tristeza la mina, se trasladó a la ciudad de Oruro para cumplir con su misión en varias escuelas estatales de primero a quinto básico.

Mientras que don Luis salió bachiller del colegio Pichincha de Potosí. Estuvo indeciso en tomar una carrera profesional. Sin embargo, tenía un amigo que lo orientó, Conrado Moscoso, y con él se fueron a La Paz para estudiar en la Normal de Maestros "Simón Bolívar".

Allí distinguió la posición ideológica de las clases necesitadas y adoptó una visión marxista, motivado por el hecho de estudiar y ubicarse en el espacio histórico de donde se iba tras la revolución de 1952.

Sus primeros pasos en la enseñanza los dio en las minas y compartió de cerca el sacrificio de la clase proletaria. Años después decidió trasladarse a Oruro, luego de haber contraído nupcias con su fiel compañera, doña Blanca.

Ese impulso juvenil de querer cambiar el mundo para bien estuvo presente en su pensamiento y decidió ingresar a la universidad a fin de estudiar Derecho. Era una época de transformaciones en Bolivia y junto a varios universitarios, es protagonista de la reforma cuya única finalidad era lograr una mejor educación superior.

Llegó el golpe de Estado de Hugo Banzer y bajó la guardia debido a la persecución que había, siguió con la carrera de maestro y dejó Derecho, porque en las aulas no podía hablar de política.



CARRERA

En 1974, Doña Blanca ingresó como profesora del tercero básico al colegio La Salle y allí se quedó hasta jubilarse. Fue una maestra innovadora aplicando métodos de lecto-escritura que dieron buenos resultados en el aprendizaje de los niños.

"Hasta ahora tengo la suerte de encontrarme con mis alumnos que me dicen - usted me enseñó a leer y a escribir - Recuerdan también las matemáticas otra materia que dictaba", dijo.

Con el paso de los años dejó el colegio para jubilarse con 43 años de servicio a la educación. La despedida fue triste, pero el consuelo era haber cumplido con una difícil misión. Sin embargo, aún quedaban fuerzas y se dedicó a dar clases particulares, convirtiendo la sala de su propio hogar en un salón de clases por algunos años más.

El cansancio ya hacía mella y las circunstancias la obligaron a dejar también a ellos. Hoy de acuerdo a sus posibilidades la atención educativa está centrada en sus nietos, considerados por ella como su máximo consuelo.

En el caso de don Luis, siguió su marcha por el camino de las aulas, Bolivia vivía una época de dictadura, cuando llegó el golpe de Luis García Meza, cayó como preso político, fue llevado a La Paz. Para entonces ya había ingresado como maestro en el colegio La Salle desde 1978.

Fueron precisamente los Hermanos a la cabeza de Genaro Mercado de este establecimiento educativo quienes logran su liberación. Los miembros de esta orden, pidieron a don Luis que deje el sindicalismo y se dedique sólo a la docencia.

En agradecimiento por salvarlo, se olvida de la política sindical y se abocó a los niños de primaria. Se destacó principalmente en imbuir en sus estudiantes el hábito de la lectura. Es así que durante varias horas, sus pupilos eran conducidos a la biblioteca para leer una serie de libros con la finalidad que los infantes abran las puertas de sus mentes a mundos inimaginables.

Ahora jubilado, don Luis ayuda en la casa con los nietos, pero también dedica sus días a la lectura. "Cuando se es joven tenemos lecturas muy ligeras, no meditamos, ahora he aprendido, porque leer significa estudiar".

Esa pasión por la lectura, aún en las venas, lo motivó a coadyuvar en actividades que promuevan este hábito. "Me siento realizado y feliz, como docente, como profesor".



LA EDUCACIÓN

Ambos no sólo hablaron de sus vidas, sino también de la educación. Para doña Blanca cambió bastante, considera que los métodos de antes, ya no son aplicados.

"En los colegios fiscales y particulares se desconocen los métodos. Aún quedan pocos maestros de calidad, pero se sienten tristes, porque las autoridades imponen al profesor, ya no lo escuchan. El elemento alumno también cambió en la retención de las clases que se dan en aula, porque más están pendientes del celular", afirmó.

Ahora la maestra se cuida de la crítica de los padres de familia, dijo y en síntesis, subrayó: "En la actualidad ya no hay libertad para enseñar".

Respecto al profesor, don Luis afirmó que pese al tiempo, sigue siendo el mismo, pero con algunas puntualizaciones.

"Antes había un espíritu docente que era fundamental en la superación, hubo grandes profesores como Guido Villagómez que marcó una huella en la educación. En Oruro se destacó la profesora Adela Navia quien dio la idea de cómo mejorar la escritura".

Reflexionó que hoy hay pocos profesores que se esmeran por mejorar y renovar sus conocimientos. Asimismo, dijo que la tecnología es culpable en esa situación, principalmente, por dos inventos: El televisor que desconcentró el ritmo de la familia y el celular que convirtió a las personas en una isla.

"El poco hábito por la lectura ha creado la falta de ideales y ausencia de valores e incumplimiento de normas, sólo una muestra de ello, cuando el chofer no respeta el semáforo", señaló.

La experiencia ha hecho de ambos que hable el alma y afirmen con vehemencia que existen semillas básicas para la formación del hombre, la lectura y la escritura. Sus estudiantes los despidieron con gratitud, admiración y con el sueño de algún día, ser como ellos.


Doña Blanca Moya de Mendoza

Don Luis Mendoza

tags: La Patria, Noticias de Bolivia, Periodico, Diario, Newspaper, Dos vidas, un camino, un destino

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