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Lunes, 14 de enero de 2019, Suplemento Deportivo
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Víctor Agustín Ugarte, el "maestro" del fútbol boliviano

•  Por: Dehymar Antezana - Periodista LA PATRIA


Víctor Agustín Ugarte
A lo largo de la vida deportiva de Bolivia, se tuvo a grandes deportistas nacionales que fueron un referente a nivel internacional y que sin duda alguna demostraron que en el país también existe talento para salir afuera, sin embargo, por alguna u otra razón en otrora hubo mucha mezquindad para que jugadores de talla, puedan pasear su fútbol por otras girones o caso contrario, fueron los mismos atletas que añoraban tanto a su tierra que prefirieron quedarse en ella para hacer morir sus expectativas. Uno de ellos por ejemplo, fue Jesús Bermúdez o Alfredo Ágreda Mérida, entre muchos otros.

Similar situación vivió uno de los grandes del fútbol nacional, quizá por ahora el mejor en toda la historia boliviana, sin desmerecer a varios que brillaron por sí solos. Pero hoy nos referiremos al "maestro" del balompié boliviano, Víctor Agustín Ugarte Oviedo. Fue Tupiza en el departamento de Potosí que lo vio nacer aquel 5 de mayo de 1926. En ese entonces, esta parte del territorio patrio estaba muy dedicado al comercio, principalmente por el tren que pasaba por el lugar. Mientras la vida transcurría de esa manera, un niño comenzó a tener en sus pies la magia del fútbol y demostrar que una estrella estaba a punto de brillar en el firmamento.

Con el paso de los años se fue afianzando en el juego del fútbol, pero solo permanecía en su terruño, sin mostrar su talento afuera. Varios amigos se encargaron de decirle que vaya a probar suerte a La Paz, supuestamente porque solo allí habría esa oportunidad.

Cuando el "maestro" tenía 21 años tomó la decisión de dejar su casa, habló con sus padres para manifestarle que ya era hora de exhibir su fútbol más allá de las fronteras de su patria chica y emigrar. Al ver el talento que tenía y el apoyo que brindaban a su hijo, decidieron verlo partir.

Víctor era muy habilidoso con el dominio del balón, realizaba jugadas magistrales y de ensueño al margen de las gambetas o quiebres, tenía una velocidad explosiva al momento de correr, pero la velocidad no solo estaba en sus pies, sino también en su mente para efectuar los toques a sus compañeros. Asimismo, diríamos que era una especie de "ingeniero" del campo de juego, porque los pases eran realmente exactos y quizá fue este argumento que le permitió hacerlo grande.

Fue en 1947 que arribó a La Paz, estaba preparado psicológicamente que si no tendría suerte, volvería a su natal Tupiza. Sin embargo, tenía la corazonada de ser un triunfador. El 29 de junio del mismo año fue su debut, Bolívar le dio la oportunidad para probarse. Ese día jugó frente a Ferroviario, si bien perdieron el partido, Víctor mostró que estaba para grandes cosas y de por sí hubo un idilio con la hinchada, que vio en él una gran estrella.

No pasaron ni seis meses y el "maestro" fue convocado a la Selección Boliviana, el sueño que tenía desde muy niño se cumpliría, y estuvo con la verde en cinco oportunidades, 1947, 1949, 1953, 1959 y 1963. Su debut con la casaca de la selección se dio el 30 de noviembre de ese año, en la inauguración del torneo Sudamericano que se efectuó en Ecuador. El partido terminó empatado a dos con el dueño de casa. Uno de los goles del empate lo anotó Ugarte.

A un inicio, el "maestro" tenía un defecto, era muy personalista, jugaba solo, era como si el balón solo debía estar en sus pies, aspecto que se le fue corrigiendo con el paso de los años.

Cuando llegó la década del 50, Ugarte era el mejor jugador del fútbol boliviano. Practicaba todos los días para mantener ese nivel, mientras que sus compañeros lo hacían dos veces a la semana. Según las anécdotas que se cuentan sobre él, es que al estar alojado en el Residencial Ballivián, los huéspedes se quejaban del ruido que hacía en su habitación, porque dominaba con los pies una pelota de tenis. El administrador no le decía nada porque era su alojado preferido.

En marzo de 1953, Bolivia asistió al Sudamericano que se jugó en Lima, el debut fue contra Perú. Ese partido fue épico porque ante todo pronóstico la selección nacional le ganó al dueño de casa. El gol de la victoria fue anotado por Heredia, luego de una jugada magistral de Ugarte.

Su fútbol fue en alzada, era el ídolo de los bolivianos y los dirigentes se portaron egoístas, porque solo querían verlo en el Bolívar. Recibió ofertas para enrolarse a otros equipos como Sporting Tabaco, incluso el Real Madrid de España. Fue recién en 1958 que el "maestro" salió del país para jugar en San Lorenzo de Almagro de la Argentina, donde tuvo un destacado papel, sin embargo, la poca costumbre que tenía hizo que añorara a su tierra y volvió nuevamente a Bolivia.

Las tardes de domingo de fútbol en La Paz, para Ugarte eran épicas porque terminaba los partidos y la hinchada lo esperaba a la salida del estadio para llevarlo en andas hasta la Plaza Murillo, como un homenaje a su talento.

Llegó 1961 y no fue convocado a la selección, situación que desató la protesta popular. Fue que volvió en 1963, para escribir con su magia una de las páginas más inolvidables y memorables del fútbol nacional. Ugarte con el equipo al hombro y acompañado de jugadores que estaban prácticamente a su nivel, conquistaron el campeonato Sudamericano de 1963.

Después de aquel certamen, la carrera del "maestro" estaba prácticamente en declive, por la edad que tenía, sin embargo, dentro de él había todavía amor propio y decidió emigrar a Colombia para jugar en el Once Caldas. Pero, tal como le pasó con San Lorenzo, con el paso de los meses decidió volver a su Patria y enrolarse en los últimos años de su carrera al Northern - Mariscal Santa Cruz de La Paz.

Cuando cumplió 40 años, decidió dejar a su amor, el fútbol. Bolívar que le había prometido hacerle un partido de despedida, nunca lo hizo y con el paso de los años fue olvidado de a poco. Los gobernantes de la época también prometieron darle un subsidio especial por el aporte que hizo al fútbol nacional, pero tampoco cumplieron su palabra, así que para subsistir, Ugarte trabajaba de taxista o jugaba los fines de semana en campeonatos de barrio para ganar algo de dinero y ayudar a sus hijos que tenían muchos problemas.

Finalmente, llegó la década del 90, la indiferencia de la gente, de las autoridades y los recuerdos que pisoteaban su mente, lo llevaron a inclinarse por el alcohol, que prácticamente lo mató. Fue internado en una cama del Hospital General de La Paz, para que finalmente el 20 de marzo de 1995 fallezca solo y abandonado a su suerte.

Sin embargo, su legado aún vivirá en el corazón de quienes lo vieron jugar en la cancha o de aquellas personas que compartieron sus experiencias. En lo que respecta a las nuevas generaciones, solo lo conoceremos mediante la literatura del fútbol o aquellos videos que quedaron grabados para saber que el "maestro" no ha muerto, aún vive en el imaginario del fútbol nacional.


El dominio del balón era una de sus principales habilidades

Varias veces fue llevado en andas a la Plaza Murillo en La Paz

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