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Domingo, 28 de septiembre de 2014, Cultural El Duende
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PEÑA de Sucre: "Si hay espíritu…"

•  Conmemorando el centenario del nacimiento del archivista, historiador y bibliógrafo chuquisaqueño Gunnar Mendoza Loza; el 19 de septiembre se presentó el libro "Peña" en ambientes del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia. Estuvieron presentes el director del ABNB, Juan Carlos Fernández, el académico de la lengua D. Luis Ríos Quiroga y el presidente de la Fundación ZOFRO, Luis Urquieta Molleda, además de familiares del insigne estudioso e invitados especiales. A continuación fragmentos de los discursos leídos en el acto.


Gunnar Mendoza Loza
Don Gunnar Mendoza

y La Peña de Sucre



Sucre, la ciudad reclinada entre dos cerros tutelares: Sica Sica y Churuquella, arropada en la atmósfera cálida del valle. De blancas casas construidas sobre las siete patas (elevaciones de terreno), ha sido y es cuna de grupos culturales consubstanciados con la tierra en que se avecindan y cuya intelectualidad se alinea al viejo tronco de la tierra natal.

Estos grupos culturales, como la expresión de un fenómeno de psicología social y que merece un acercamiento respetuoso, nacieron a principios y transcurso del siglo XX, tal como el grupo "La Mañana" de Claudio Peñaranda, Jorge Mendieta, Adolfo Solares Arroyo, Osvaldo Molina, José Lavadenz, Nicolás Ortiz Pacheco, Gregorio Reynols, René Calvo Arana, Alberto Ostria Gutiérrez, entre otros.

Enrique Finot, historiador, profesor titulado por la Escuela Normal de Sucre, probo en el documento como seguidor de Gabriel René Moreno, respecto del grupo "La Mañana" escribe: "Jugaban a la bohemia literaria, pero en realidad constituían un oasis en donde se discutía, se daba cuenta de las recientes lecturas, se recitaba y, en general se criticaba el ambiente, mezquino, hostil y ajeno a las actividades artísticas". En ese ambiente patético de Sucre, que Enrique Finot señala, había la necesidad urgente del nacimiento de agrupaciones culturales que hicieran una afirmación de fe en el hombre y de su poder creativo no condicionado a prejuicios locales de pueblo chico, porque el pensamiento y la inteligencia son inclasificables.

Así las agrupaciones culturales en Sucre son una experiencia vital enriquecedora que practica un "Humanismo Vivencial" en el que caben todas las ideologías, las doctrinas y hasta las excentricidades que experimentan sus integrantes, compartiendo inquietudes, desnudando el espíritu entre agudos comentarios y serias reflexiones, sí, con una copa de vino para brindar y la música popular sucrense como acompañamiento en sordina...

Con la unidad en la acción y la libertad total en la reflexión y creación nació "La Peña" para recoger la palpitación viva de la actividad creadora. "La Peña de Sucre" se fundó en la casa del poeta Fernando Ortiz Sanz, y seguramente con el propósito de ofrecer al lector un especializado repertorio de la cultura boliviana, editó la publicación "Peña" bajo el lema "Si Hay Espíritu", frase condicional que estaba refinadamente elaborada y ceñida a la medida de la edad madura.

Naturalmente el lema "Si Hay Espíritu" dio resultado con ininterrumpida publicación de "Peña" mimeografiada, de tamaño carta y con páginas escritas de real valer para la bibliografía boliviana.

En el número 1 de "Peña" que corresponde a la fecha 19 de septiembre de 1953, Fernando Ortiz Sanz, secretario de turno, publica en nota editorial el acta de fundación de "La Peña" que a la letra dice:

En grupo de amigos (escritores, artistas y gente inclinada al arte y a las letras) hemos resuelto fundar la PEÑA DE SUCRE. Peña –dice el Diccionario de la Real Academia Española–, corro o grupo de amigos o camaradas; he ahí todo.

Nos reunimos, al efecto, en casa del que suscribe, la noche del 5 de septiembre de 1953, Gunnar Mendoza, Gustavo Medeiros, Julio Ameller, Fernando Ortiz S., Enrique Vargas S., Guido Villa-Gómez, Hernando Achá S., Alberto Martínez y Roberto Doria Medina. Y –sin más– fundamos la Peña.

Conversando, estuvimos de acuerdo en lo siguiente: (1) No pretendemos crear una institución más, sino un sentimiento; en otras palabras, no queremos sumar una nueva obligación a las que ya tenemos, sino, por el contrario, descansar de nuestros quehaceres (entre amigos, con humo, anécdotas y vino). (2) No pretendemos crear nada o servir a nadie: ni siquiera a la Cultura. Habiendo llegado a una cierta madurez, que nos permite comprender que el mundo es difícil y el plazo de la vida humana sumamente breve, hemos resuelto –generosamente– darle al Universo permiso para seguir siendo como es y como siempre ha sido: o sea, una olla de grillos. (3) Si del egoísta placer que será para nosotros la vida de la Peña, surgen iniciativas o hechos culturales que constituyan servicios no serán deliberados sino accidentales. Pero, como tampoco pretendemos cobrarlos en gloria ni en dinero, he aquí que nadie podrá exigir más de lo que buenamente demos. (4) Serán miembros de la Peña todos los que se acerquen a nosotros con amistad y despreocupación, y dejarán de serlo todos los que se alejen con iguales sentimientos. (5) De religión y política no se puede tratar, salvo que a alguno se le antoje hacerlo. (6) Entre existir cejijuntos o vivir con alegría, nos parece que no hay duda: en el fondo, Omar Kayyham se ha divertido más que Schopenhauer. Y ambos han muerto. (7) Para satisfacer la pasión de bibliógrafos y bibliófilos que a muchos de nosotros domina, hemos resuelto crear en Sucre, al paso de los años, una industria editorial; económicamente sólida y muy cuidada en el orden intelectual. (8) Queremos, además para dar gusto a nuestra curiosidad de las cosas humanas y del arte, hacer un Índice Cultural Boliviano, con detallado registro biográfico de todos nuestros artistas y escritores, y correspondiente glosa de su obra. (9) Queremos, en fin, leer prosas y versos, fumar, escuchar música, y procurar hacer para nuestras almas (Dios nos perdone) un pequeño Reino en este mundo, atenidos al versículo 13, capítulo 27, de los Salmos: Hubiera yo desmayado si no creyese que tengo que ver la bondad de Dios en la tierra de los vivientes…" F.O.S.

"La Peña" se reunía los sábados al anochecer en el café "Florida" de la calle Calvo para dar a conocer la chispa del corazón y el destello de la inteligencia. Sin embargo, "La Peña" como es mala costumbre en Sucre, fue mal recibida porque integraban personas de avanzada edad que despertaban la suspicacia en sus respectivos hogares.

Don Gunnar Mendoza, al respecto comenta que en su casa a su abuelo lo amonestaban diciendo "Nada de peñitas, busca mejores pasatiempos", aunque el honrado viejo juraba que la peña era inofensiva aparte de beber uno o dos "submarinos" y de tres a cuatro gotas de "absintio". La Peña no contentó a nadie, excepto a los mismos peñistas.

"La Peña" de Sucre, pese a la actitud siempre negligente a todo brío de innovación en la ciudad, continuó recogiendo la palpitación viva de la vocación creadora de sus integrantes: discusiones estéticas, artículos de temas variados, trabajos de crítica literaria que definen a un autor o a una época, comentarios de la vida cultural, pensamientos de autores destacados, comprende la presente compilación de "Peña" que ofrece un muestrario de material variado que abarca una parte del siglo XX.

En don Gunnar Mendoza la poesía fue sin duda el instrumento al que reservó los mejores cuidados. Si el lector acude directamente a la lectura de sus comentarios críticos en las páginas de la publicación "Peña", advertirá la certeza con que juzga la poesía de Fernando Ortiz Sanz, Julio Ameller Ramallo, Guido Villagómez, Jaime Mendoza, Octavio Campero Echazú, Ricardo Jaimes Freyre.

En la preceptiva literaria y el título "De la versificación y el ritmo", originó una ruidosa polémica al interior de "La Peña" entre don Gunnar Mendoza y el poeta Rafael García Rosquellas. Aparte del motivo literario, este hecho cultural, habla de la riqueza intelectual, de la honestidad y responsabilidad de los trabajos que publican.

La misma actitud de apertura a la honradez intelectual ha sostenido el comentario de obras importantes de la literatura boliviana: "En las Tierras del Potosí" de Jaime Mendoza. "La Traición del Inconsciente" de Enrique Vargas Sivila. "Prólogo al Adiós" de Fernando Ortiz Sanz. "De la Sombra y el Alba" de Julio Ameller Ramallo. "El doctor don Pedro Vicente Cañete y su Historia Física y Política de Potosí" de Gunnar Mendoza.

Esta primera edición de "Peña" que pertenece a la agrupación "La Peña" que edita generosamente la Fundación Cultural "ZOFRO" de la ciudad de Oruro y que tiene por presidente a don Luis Urquieta Molleda, mecenas de la cultura boliviana, registra con perspectiva de pasado y prudente atención de presente, esa muerta y resurrecta y mutante energía de la aventura intelectual.

"Peña", publicó material ecléctico en lo que tienen de motivación creadora unos, de generosa insurgencia algunos, de honesta pasión por el oficio todos.

Los materiales de esta primera edición ya soy hoy Documentos. Así sea.



Luis Ríos Quiroga



Peña de Sucre



El historiador Enrique Finot dejó sentada la evidencia de que las agrupaciones culturales fueron para la ciudad de Sucre una experiencia vital y enriquecedora por la práctica de un humanismo vivencial, donde cabían todas las ideologías, las doctrinas y hasta las excentricidades. Podemos también decir que aquellas manifestaciones de afinidad intelectual trascendieron el tiempo para reposar como paradigma y sustento de la tradición chuquisaqueña.

Así aparecería PEÑA, publicación de la Peña de Sucre, un sábado 19 de septiembre de 1953 plasmando los acuerdos de la reunión fundacional ocurrida dos semanas antes, una noche lúcida de la bohemia sucrense en que se esbozó con desenfado, sencillez y franqueza el derrotero de sus propósitos.

Sesenta años después de su gloria yacente, marcada en el recuerdo por la fecundidad y universalidad de sus escritos, conocimos la colección mimeografiada gracias al denodado interés de mi entrañable y cultivado amigo D. Luis Ríos Quiroga para hacer de ella un libro, por lo que sin prolegómenos asumimos el deber inexcusable de reproducir tal colección y divulgarla en una obra digna de su contenido como una muestra de admiración a sus autores y en adhesión al insigne polígrafo y archivista D. Gunnar Mendoza en el centenario de su nacimiento.

El corro cultural PEÑA tuvo presencia en el ámbito generacional de Sucre entre el 19 de septiembre de 1953 y el 13 de noviembre de 1954, habiendo llenado sus páginas 275 artículos en todas las categorías de las letras y el pensamiento, desde la poesía, narrativa, crónica, crítica, ensayo, hasta la historia y la polémica.

Se denominaban a sí mismos peñícolas atendiendo seguramente al sitio donde moraban sus sentimientos. Entre los hacedores del empeño literario, cada quien lo llamaba: pequeña revista, hoja literaria, periódico semanal, pequeño periódico, hoja mimeografiada, órgano publicitario, semanario diminuto, periódico único literario, periódico breve.

Cerraba su edición semanal el miércoles y estaba impreso el sábado presto para su distribución durante la reunión. El primer número fue entregado como suceso por Fernando Ortiz Sanz y Guido Villa-Gómez. Con el tiempo la colección se convertiría en un retazo de vida amorosamente tipografiado Por eso, desde aquel primer sábado, las reuniones se convirtieron en exultantes fiestas.

Íntimamente les inundaba la satisfacción de saberse publicados, pero también eran conscientes de las limitaciones económicas que, como siempre, ha asolado y frenado toda voluntad creativa. En sus tribulaciones se preguntaban a veces con desconsuelo sobre la fugacidad de su contento, si su inconstancia cerraría el pórtico de su asiduidad literaria.

La edición de Peña estaba a cargo del "Secretario de Turno", quien recopilaba el material, transcribía y mimeografiaba. No se conoce el número de ejemplares que cada edición producía.

Mantuvieron vínculos con instituciones de actividad similar en el interior del país, donde PEÑA jugó un papel motivador de articulación de la cultura nacional. Así, la entidad grupal tarijeña tuvo en Octavio Campero Echazú y Octavio O’Connor D’Arlach sus principales animadores. La Peña de Santa Cruz integraban Hernando Sanabria, Raúl Otero Reiche, Rivera Arteaga, Humberto Vásquez Machicado. Trinidad tenía por actores a Horacio Rivero Eguez, Jesús Rioja Aponte, Serafín Rivero, Carlos Rivero, José Natush Velasco, David Monasterio Claure y otros. No fue de menor importancia la Peña de La Paz, puesto que para el propósito el vínculo idóneo en Sucre sería D. Gunnar Mendoza desde el Archivo y Biblioteca Nacionales.

Las ediciones aparecían generalmente en cuatro páginas, a veces en dos cuando el vocero abandonado por todos salvaba la edición con un par de trabajos. También hubo publicaciones de seis, ocho y hasta diez páginas. Eran Secretarios de Turno los responsables absolutos de las ediciones. Ellos fueron: Fernando Ortiz Sanz, Gunnar Mendoza Loza, Guido Villa-Gómez, Julio Ameller Ramallo, Roberto Doria Medina Egüez, Alfonso Medeiros Querejazu, Rafael García Rosquellas, Manuel Giménez C., Gustavo Medeiros Querejazu, J. Alberto Martínez Z., Hernando Achá Siles y Ernesto Reyes Elías.

Se había convenido que para economizar material, cada artículo no debía pasar de 40 líneas, en vista de la carestía mundial de papel y otros implementos editoriales, precipitada por la torrencial largueza publicitaria de la ONU. Pudo más la irrestrica libertad de expresión de los creadores para abordar temáticas que sobrepasarían la extensión normada.

No se dejó esperar el debate sostenido sobre este extremo entre don Gunnar Mendoza y don Rafael García Rosquellas. Aunque Mendoza nunca denominó debate a sus opiniones sino apostillas.

De los escritores registrados en el índice del libro "Autores que aparecen en la Peña" destacamos a una figura preclara que ha contribuido a darle nueva dimensión a la cultura boliviana:

GUNNAR MENDOZA LOZA. (Uncía, provincia Bustillo, Potosí, 3 de septiembre de 1914 – Sucre, 4 de marzo de 1994). Fue el último polígrafo boliviano del siglo XX. Ejemplo de trabajo metódico, sostenido y perseverante. Archivista, historiador, bibliógrafo. A temprana edad fue ayudante de los trabajos historiográfico-geopolíticos de su padre, el ilustre médico y escritor Jaime Mendoza Gonzáles.

Después de una extraordinaria formación humanística y académica estuvo desde 1944 al frente del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, cargo que desempeñó con pequeñas interrupciones hasta su muerte.

Dentro de sus investigaciones históricas, uno de sus mayores hallazgos fue haber dado con el Diario del Tambor Vargas. Recibió premios, títulos honoríficos y otras distinciones.

Con tan extraordinario perfil intelectual, Gunnar Mendoza tuvo el récord de participación en PEÑA.

En esta grata ocasión, la Fundación Cultural ZOFRO se siente complacida de contribuir al conocimiento y divulgación de la preciosa colección, mediante el presente libro.



Luis Urquieta Molleda


De izq. a der.: Luis Urquieta Molleda, Presidente de la Fundación Cultural ZOFRO; Juan Carlos Fernández, Director del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia y el académico de la Lengua Luis Ríos Quiroga

tags: La Patria, Noticias de Bolivia, Periodico, Diario, Newspaper, PEÑA de Sucre: "Si hay espíritu…"

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